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Del cine a la Luna

El fallecimiento de Neil Armstrong sirve de percha para recorrer algunas de las más memorables películas selenitas de la historia

La eternamente joven «Viaje a la Luna» (1902) - ABC
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El cine ya pisó con garbo la superficie lunar mucho antes de que Neil Armstrong dejara huella. A veces con profética anticipación, otras con escepticismo ganso, y siempre con imaginación desbordante, he aquí un breve listado de películas que han plantado el trípode de la cámara en sus cráteres y mares tranquilos.

«VIAJE A LA LUNA» (1902). Por supuesto, la pionera de la nave nodriza es esta deliciosa fantasía cósmica del gran Méliès, homenajeado convenientemente este año por Scorsese en «La invención de Hugo». Con un ojo en Verne y otro en Wells (como suele pasar en estos casos), estamos ante los 14 minutos más mágicos del cine mudo, plagados de selenitas hawaianas, setas gigantes y una Luna tuerta por culpa de un cañonazo certero. Inolvidable, incluso en su reciente versión coloreada.

«UNA MUJER EN LA LUNA» (1929). Otro gigante del celuloide, Fritz Lang, aunó romanticismo y ciencia-ficción en un filme asombrosamente adelantado a su tiempo (como curiosidad, decir que inventó la cuenta atrás para el lanzamiento del cohete, recurso utilizado posteriormente en la vida real). Visualmente tan fascinante como «Metropolis», la cinta demuestra que a Lang tampoco le importó mucho vestir a sus astronautas de paisano y con bombachos en vez de bombonas (de oxígeno). El cine es así.

«CON DESTINO A LA LUNA» (1950). El miedo escénico caldeado por la Guerra Fría multiplicó las amenazas espaciales con antenas y tonos encarnados. Y como la Luna pillaba más cerca, se convirtió en la referencia predilecta en cientos de películas de entrañable serie B. Sin embargo, a veces se intentó mostrar una expedición lunar de forma «seria», como en esta «Destination Moon», que gozó de los efectos especiales salidos de la chistera de otro mago del gremio, George Pal.

«DE LA TIERRA A LA LUNA» (1958). Nuevamente Verne sirvió de inspiración para esta curiosa cinta, donde el cohete de turno será propulsado por una misteriosa fuerza que atiende al nombre de Poder X. Un buen reparto (Joseph Cotten, George Sanders, Debra Paget...) no sirvió para levantar el vuelo de esta densa «soap opera» galáctica.

«LA GRAN SORPRESA» (1964). Y de Verne a Wells y tiro porque me toca. Haciendo honor a su título en español, el argumento gira en torno al soponcio que se llevan unos astronautas al comprobar que, en realidad, ya existió una expedición lunar a finales de siglo XIX en la que se encontraron criaturas primigenias mitad hombre, mitad hormiga. Chúpate esa, «Prometheus». Flojita pero simpática.

«LUNA CERO DOS» (1969). Con la pisada de Armstrong aún fresca (y, de paso, con millones de bocas abiertas gentileza de «2001: Una odisea del espacio»), la legendaria productora británica Hammer salió del ataúd de Drácula y se lió la manta a la cabeza con este estrambótico «western lunar» que también dejó algunos ojos como platos. Nuestro viejo satélite lo mismo servía para un roto que para un descosido.

«ATERRIZA COMO PUEDAS 2» (1982). Después de una década setentera plagada de catastrofismos variados (incluyendo la entrañable y cañí «El astronauta», con Tony Leblanc intentando emular a sus héroes a bordo de la Cibeles I), la gran pantalla pedía a gritos un poco de humor grueso al hilo de uno de los mayores fenómenos cómicos del cine. El primer vuelo lunar comercial es la excusa para esta charlotada, eso sí, a años luz de su antecesora.

«LA GRAN EXCURSIÓN» (1989). El debut de los fabulosos Wallace y Gromit en el cine tardó seis años en gestarse pero mereció la pena. Homenajeando a Méliès, la pareja de plastilina se embarca en un picnic lunar aprovechando que, como todo el mundo sabe, el satélite está hecho de queso. Una delicia para gourmets stop motion.

«APOLO 13» (1995). El no menos mítico «Houston, tenemos un problema», es el mantra que sobrevuela este palomitero drama espacial basado en el movidito viaje del Apolo 13 en 1970 con destino a la Luna. Una producción típica de Ron Howard, con Tom Hanks y un espléndido Ed Harris.

«SPACE COWBOYS» (2000). Ni siquiera alguien tan terrenal (en el mejor sentido) como Clint Eastwood pudo resistir mirar a la Luna (de Valencia) en este canto a los viejos y buenos tiempos y al macho alfa (centauri) geriátrico. Un reparto venerable (lástima que Jack Nicholson no se animase a unirse a la tripulación) en un filme lleno de codazos cómplices y muy poca pirotecnia.

«OPERACIÓN LUNA» (2002). Una de las sospechas más recurrentes de los últimos cuarenta y pico años (¿fue un montaje la llegada del hombre a la Luna?) tiene su respuesta chundaratera en este modélico falso documental que, con mucha sorna, especula que Nixon y Kubrick se encargaron de tomar el pelo a toda la humanidad. Y eso que, un par de años antes, la notable comedia australiana «La Luna en directo» se encargó de poner los puntos sobre las íes.Pero el fake que nos ocupa es una inocentada genial a la que incluso Buzz Aldrin, otro pionero espacial, le siguió la corriente.

«VAMOS A LA LUNA» (2008). También Aldrin, junto al mismísimo Neil Armstrong, hicieron cameos en esta entretenida pieza de animación 3D belga sobre unas moscas a bordo del Apolo 11. Aunque por aquellos meses la genial «WALL.E» se llevó la palma en el «dibu galáctico», se deja ver, sobre todo entre los más pequeños.

«MOON» (2009). Duncan Jones, hijo de Ziggy Stardust, se embarcó en una minimalista y casi existencialista «space oddity» para su ópera prima. La angustia y soledad del cosmonauta de fondo, mezclada con unas gotas de suspense y terror cósmico, más un espléndio Sam Rockwell como minero lunar con los tornillos sueltos.