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El cine iberoamericano trenza sus fuerzas en el Festival de Sitges

«Juan de los muertos» y «El páramo» hablan de la política en Cuba y Colombia

El equipo de «Juan de los muertos», durante la presentación de la película - EFE
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El pase de "Juan de los muertos” coincidió con el tradicional desfile de zombis que arrasa esta ciudad costera con multitud de no muertos foráneos o vaya usted a saber quien haya detrás de los maquillajes. Fue la primera película – cubana- estrella de ayer y dirigida por el argentino Alejandro Brugués, quien llegó, por aquello de la novedad, acompañado por el productor Gervasio Iglesias y los actores Alexis Díaz de Villegas, Antonio Dechent, Andrea Duró y Jazz Vilá.

El director tuvo la idea de realizar esta primera película independiente en Cuba -a 52 años vista de la revolución- durante el montaje de su anterior trabajo. Vio pasar a una persona determinada y comentó: “Si alguna vez tenemos que hacer una película de zombis cogemos a gente así y no tenemos necesidad de utilizar maquillaje”. La chispa tomó cuerpo ante las posibilidades de hacer un filme. “Al mismo tiempo podía hablar de Cuba y de los cubanos, de cómo son –cuenta-. Para empezar hubo un proceso de observación de la realidad cubana a través de un fan de estas películas. Fue un tiempo de un humor negro terrible, del que no quiero comentar nada porque me convierte en una mala persona. Cada vez que veía a alguien o algo eran mis zombis. La forma más bonita fue acercarme a la realidad, a los comportamientos episódicos”.

El rodaje fue duro y divertido, a pesar de estar "acostumbrado". "Tengo una productora con la que hacemos trabajos al margen de lo que es la industria oficial. Para filmar a la panda de zombis que salen por las calles que normalmente están repletas de gente y se vaciaron mostrando su destrucción, sorprendentemente nos dieron todo tipo de permisos. En algunas avenidas céntricas recurrimos a la computadora. Tuve cuatro manzanas del malecón de La Habana, para jugar como un niño", explica.

Comedia y mala baba

No tuvo reparo al representar a la población cubana como una panda de tarados, mezclando terror, comedia y mala leche. “En primer lugar, no creo que las autoridades vean así las cosas, aunque la película no se estrena hasta en diciembre coincidiendo con el festival de cine. Lo que reflejo es un sector demasiado grande de la sociedad, que es como los zombis. Las cosas pasan y se quedan cruzados de brazos, dejan que pasen. Eso no dista mucho del discurso oficial actual, que va cambiando, incluso se quejan de que la sociedad no deja que las cosas sean de otra manera. En todo caso, yo soy Juan. Por eso quería contar cómo relacionan los cubanos ante los problemas que, por lo general, prefieren seguir la vida como si no pasara nada. También salen los negocios que ahora se pueden hacer para ganar algo de dinero. Yo creo que esa no es la solución. Por otro lado también pensó que si te gusta algo te quedas y con eso y a luchar”.

Otras sensaciones

La colombiana “El páramo”, de Jaime Osorio Márquez, provocó entre el público sensaciones a partir de su forma intensa y violenta de presentar la acción de unos soldados que llegan a un pedregal tras una masacre de campesinos. “Algo que sucedía en Colombia y sique pasando como en todas las guerras. La película dice que el enemigo no está lejos, que no es tan identificable como lo dicen los medios de comunicación o el gobierno, acusando a la guerrilla de causante de todos los problemas de la sociedad”.

El problema es más profundo y está dentro de cada uno de nosotros, dicen los personajes. “Para mí es el espejo que juega con el reflejo privado de cada uno”. Invita a esa reflexión en un país tan violento como Colombia. “En un sentido más amplio, es una guerra fratricida entre hermanos. Soldados que son amigos o hermanos, como sucede en la película, y la violencia y paranoia que produce estos sucesos”. ¿Se entenderá mejor fuera, al estar alejado del conflicto, o en Colombia? Financial Press decía en su crítica que en Estados Unidos son menos sensibles a la realidad iberoamericana que lo pueda ser un público español. Cuando se presentó en Nueva York, sin conocer nada, me preguntaban sobre la simbología y eso que está presente, no en el subtexto del filme”.

Rodó en una base militar de cuatrocientos metros, donde la cámara recoge todo, paso a paso, desde las coronillas de de sus protagonistas, con el fin de que el espectador viva la acción al mismo tiempo. “Teníamos un promedio de dos bajas diarias, caídas en rodaje, por la complejidad de de movimientos, al estar sometidos los actores a la intensidad dramática de la película y en un escenario tan inhóspito y extenuante. Desde el primer momento la intención era lograr la tensión y el miedo sin recurrir a lo sobrenatural”. ¿Cómo sostener una película de terror sin que haya nada que lo provoque? "Esta es una historia en la que el miedo está en los personajes y, más allá, en una sala, donde se mantenerla activa”.

La bruja que aparece escondida tras los muros de habitación sellada, “es un personaje simbólico, una víctima sin voz ante la violencia de los soldados. Me gustan las películas de guerra, si es realista y no recurre a muchos artificios. Casi documental. De hecho, soy documentalista. Con la fórmula empleada se busca crear sensaciones. El hecho de que los fuera de foco no dejen ver lo que hay en la sombra, que la cámara esté tan cerca de los personajes, es para poner a la audiencia en las mismas condiciones, es muy fuerte. El lado opuesto de 'La delgada línea roja', que habla de los soldados de una manera muy sensible y es una película maravillosa”.