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Buena pareja

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La literatura y el cine han vivido desde siempre una relación por los menos conflictiva a la hora de llevarse a la gran pantalla obras literarias. Ayer comenzó la semana dedicada al «Cine y Literatura» dentro de los cursos de verano de El Escorial, que organiza la Universidad Complutense.

Plantear un curso de estas características supone enfrentar dos artes, que no siempre han vivido una relación de «amistad», pero que en otras ocasiones han dado frutos excelentes. Este conflicto es y será algo eterno, por un lado se encuentran los escritores que en muchas ocasiones consideran una traición la adaptación de sus novelas y que el fin último de los directores es hacer una película hasta cierto punto comercial.

Y al otro lado encontramos a los cineastas que opinan de los escritores que son unos egocéntricos. De este enorme conflicto, aunque parezca mentira, ambas partes salen beneficiadas, por lo tanto escritores y cineastas suele llegar casi siempre a un acuerdo.

El periodista y crítico de cine, Ramiro Cristóbal Muñoz, uno de los directores del curso junto a Antonio Jiménez-Rico, considera que el tema de la literatura y el cine «ha tomado un gran incremento en España el último año, de hecho en 2001, se hicieron 15 películas adaptadas de obras literarias, que son cuatro veces más de las que se hicieron en el año anterior, todo indica que vivimos en un momento, que puede que sea cíclico, pero que de momento supone una gran importancia de la literatura en el cine, sobre todo después de que Gutiérrez Aragón hiciera la segunda parte de «El Quijote», y de que José Luis Cuerda esté iniciando el rodaje de «El Hereje», de Delibes».

El gran ausente de la sesión de ayer fue el director Manuel Gutiérrez Aragón, que asistirá a la sesión del jueves, en su lugar la conferencia corrió a cargo del realizador Antonio Drove, cuyas adaptaciones más importantes y que más repercusión han tenido entre público y crítica son «La leyenda del alcalde de Zalamea» (1972), que se trata de una refundición de los textos de Calderón de la Barca y de Lope de Vega; y «La verdad sobre el caso Savolta» (1980), adaptación de la novela de Eduardo Mendoza. Drove realizó una conferencia muy amena y con grandes dosis de humor, hasta llegar a afirmar que «para dedicarse al cine hay que estar loco o cerca de la locura».