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El británico Winterbottom y un paseo documental por Afganistán que vale un Oso de Oro

Nadie tuvo valor para quitarle el premio de interpretación a Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore. Y hay que tener mucho valor para confeccionar el resto del palmarés con los directores Michael Winterbottom, Spike Jonze, Patrice Chéreau y el actorucho Sam Rockwell

El director Michael Winterbottom recoge el Oso de Oro a la mejor película por «In this world»,  ayer en Berlín. REUTERS
BERLÍN. E. RODRÍGUEZ MARCHANTE. ENVIADO ESPECIAL
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Aunque no corren ningún peligro de confundirse ni los Osos con los Oscar ni los alemanes con los americanos, el caso es que aquí cada año se mira más en no coincidir con Hollywood que en coincidir con cierta lógica, y así sale el palmarés que sale.

El británico Michel Winterbottom ha hecho un estimable, esforzado, humano y probablemente peligroso documental sobre inmigrantes afganos, cualidades por las que le han dado el Oso de Oro. No hay en él una mirada original, un documento nunca visto o una narración sorprendente: hay, lógicamente, mucho material rodado o grabado en vídeo digital, un pequeño atisbo de argumento que deslían como pueden dos actores improvisados, y un proceso fino de corta, pega y montaje. Le han dado el Oso de Oro a «In this world», pero si le hubieran dado alguno por su valor humano o social hubiera sido más certero, pues lo que tiene de oro el trabajo de Winterbottom no lo tiene de Oso, y lo que tiene de Oso no lo tiene de oro.

Nada en contra En cuanto a la plata, ganada a pulso de sirlero por el ingenioso Spike Jonze y su disléxica fantasía titulada «Adaptation», pues se ha quedado completamente descolocada: a unos les parece mucho y a otros les parece poco. Era la película favorita para una corriente alterna de la crítica y era la típica película que hace vomitar a las corrientes internas o eternas de la crítica. Personalmente, creo que Nicolas Cage se gana el sueldo en su doble papel de guionista tarado con un hermano gemelo que es un tarado guionista, y que también se gana el sueldo el modelo original, Charlie Kaufman, el hombre que nunca duda de una idea aunque a simple vista parezca buena.

Nada hay en contra de que le den al francés Patrice Chéreau el premio al mejor director, siempre y cuando no haya que volver a ver nunca su película, «Son frère», una espeluznante historia de enfermo terminal contada más con bisturí que con cámara y de una rasposidad y una agresividad de guadaña. Hay gente que se complace con este tipo de «exhibiciones» que repiten en la pantalla lo que, lamentablemente, te proporciona ya la vida; otros opinamos que nada hay en ellas ni de nuevo, ni de aprovechable, ni de caluroso, ni de sincero, sino más bien interés morboso en el sentido literal de la palabra, de enfermo, y valga como ejemplo el tono de aflicción visual que adquiere la cámara de Chereau mientras husmea en el cuerpo del protagonista mientras lo afeitan por completo para una intervención quirúrgica. El hecho de que se incruste ahí la historia del hermano homosexual y sus relaciones bien documentadas con uno que sale por allí, seguro que vienen muy a cuento, aunque tal vez no.

Y darle el premio de interpretación masculina a Sam Rockwell por su estomagante trabajo en «Confessions of a dangerous mind», de George Clooney, no es más que una extravagancia.

Palmarés simplón Total, que se queda como único acierto el impepinable premio a las tres actrices de «Las horas», la mejor película, con mucho, que se ha visto en la competición, y lo mejor de esa película es precisamente sus interpretaciones. Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore juegan en otra categoría, y sólo hubiera podido hacerles competencia Sarah Polley y su notabilísimo trabajo en «Mi vida sin mí», película de Isabel Coixet que se ha quedado injustamente en la cuneta de este palmarés simplón, que se ha escudado con algunos premios menores a los chinos Li Yang y Zhang Yimou, y con ese pedazo de premio llamado «El ángel azul», dotado con 25.000 euros del ala, que no se ha ido a otro sitio que a «casa», entendiendo por «casa» la película alemana «Good bye, Lenin», una de las más celebradas y disfrutadas por el público y la crítica. Finalmente, el Festival rectificó con rapidez y buena cara otro año más en su intento de quitar el idioma español de la sección oficial.

La excusa, como siempre, problemas presupuestarios, lo cual no deja de ser una amenaza para el año próximo: si el presupuesto flaquea, se cae lo primero de la lista: el español. Tal vez haya instituciones en España que debieran preocuparse de este tipo de asuntos y ofrecer alternativas o ayudas; no sé, el Instituto Cervantes, el Ministerio... Aunque lo mismo están para otras cosas.