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El arte del ja, ja, ja

El arte del ja, ja, ja
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE |
Actualizado
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Al cine se puede llegar en autobús, en metro, en taxi, andando o en el propio vehículo, y Nacho García Velilla ha preferido afrontar los siempre engorrosos problemas del aparcamiento y llegar a él con su propio vehículo: la televisión. Dicho lo cual, podría añadirse que su película, «Que se mueran los feos», es un vehículo bien aparcado. Es una comedia de forma y estilo similar al de algunas teleseries suyas, como «7 vidas» o «Aída», llena de un humor sudoroso, fulminante y que a veces se asoma al peligroso abismo del bochorno, en la mejor (o peor) tradición de la comedia española o italiana.

La construcción y descripción de personajes es imaginativa y espectacular, hasta el punto de que cada uno de ellos podría ser el protagonista no ya de otra película, sino incluso de una teleserie completa: desde el protagonista, Eliseo, Javier Cámara en estado de desgracia jocosa, a Carmen Machi, un dibujo animado, o el propio Juan Diego, que construye a brochazos de ingenio a un tipo patético. El lugar de los hechos, ese pueblo indescriptible, el fondo sociológico y emocional, las situaciones..., en fin, todo el grumo argumental es un disparate del que solamente un tío muy cabreado puede mantenerse al margen y sin reírse.

Tal vez convendría señalar que Nacho García Velilla consigue armonizar dos gestos extremos: machacar a sus protagonistas y, a la vez, quererlos (o que se les quiera), y que sean en cierto modo despreciables pero también cercanos, amables. No es una comedia equilibrada, ni su caída de ojos melodramática bendice por completo la profunda incorrección política de la que presume el cine-televisión de Velilla, pero si alguien tiene dudas de que ésta será una de las comedias del año, bastará con ir a verla para que se le disipen.