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Antonio Banderas: «Si me ofrecieran un contrato para vivir 500 años, lo firmaría»

TEXTO: FABIAN W. WAINTAL
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LOS ÁNGELES. Llegó a Hollywood como el «Rey del Mambo». Siguió como el mariachi «Desperado», que repitió en «Érase una Vez en México». Incluso cantó con Madonna en «Evita». Y digamos que bailó bastante con la espada de «El Zorro». Dándole ritmo a Hollywood, Antonio Banderas aparece ahora como un bailarín profesional en la película «Take the lead», inspirada en la vida real de un profesor de baile, Pierre Dulaine, que encarriló a varios problemáticos estudiantes de Nueva York, impulsándolos al baile en vez de la violencia. «Seguramente no ganará en festivales como Cannes -adelanta al comenzar la entrevista que concedió en el Four Seasons de Beverly Hills-, pero es necesario mostrar este tipo de películas porque vivimos en un mundo demasiado violento». Además, está a punto de concluir el rodaje de «El camino de los valientes», su segunda película como director, volverá a ser el gato con botas en una tercera entrega de «Shrek», y encarnará a Hernán Cortés en «Conquistador», su nuevo trabajo.

-¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

-Me encanta mi profesión, me gusta contar una historia a la cámara. Ya cuando era niño, a los diez años, disfrutaba mucho actuando. Amo el mundo del espectáculo. Hay gente que insiste que no debería trabajar tanto, que necesito seleccionar mejor. No me importa. Actuar es apasionante y no creas que me importa la atención pública. Realmente no.

- ¿Para nada asocia la fama con el trabajo de actor?

-Lo que realmente creo es que mi trabajo cuesta 8 dólares. Eso es todo. Si no te gusta mi película, tienes derecho a quejarte por los 8 dólares que pagaste. Nada más. No me preocupo en tener una carrera o cosas así. A veces suena como una bomba cuando lo digo, pero es verdad. Sólo me preocupo por el presente. Me parece demasiado narcisista pensar en una carrera porque entonces me convierto en una corporación, aceptando un representante que me diga: «Esto lo puedes hacer y aquello no». Resulta muy aburrido. Prefiero cambiar y hacer aquello que la gente no espera que haga, sin necesidad de justificarme. Soy actor en el más crudo sentido de la palabra.

-¿La petición más extraña que haya recibido de alguna admiradora?

-Recibo cartas de todos lados, incluso de países que nunca he visitado, como Polonia. Muchas veces me han propuesto relaciones sexuales con números de teléfono y cosas así. Pero lo más extraño que me han propuesto no vino de un admirador, sino de una productora rusa que quería rodar una película en la estación espacial Mir para salvarla. Iban a ponerme en un cohete junto a Daryl Hannah, para rodar durante cuatro días en una estación espacial que se estaba cayendo en pedazos, y así salvar el programa espacial ruso con las recaudaciones. Yo dije que no y al final dejaron caer la estación espacial Mir en la atmósfera. La desintegraron.

-¿Es posible lograr un balance entre el trabajo, la fama y la vida privada familiar?

-Yo trato de pasar la mayor parte del tiempo con mi esposa y mis hijos. Sin mantener demasiada vida social, quedándome en casa. Básicamente porque paso demasiado tiempo afuera, con mi trabajo. Por el rodaje de «El Camino de los Ingleses» estuve en España desde julio y volví a Los Ángeles en febrero. Por supuesto, mi familia vino a verme varias veces a Málaga. Pero cuando vuelvo a casa no tengo ganas de salir. Solo quiero quedarme y disfrutar de mi sofá.

-El 14 de mayo cumplirá diez años de matrimonio con Melanie Griffith. ¿Cómo piensa festejarlo?

-La celebración del aniversario será muy íntima. En verdad, cumplimos once años juntos el 13 de febrero, pero van a ser diez años que estamos casados.

-¿Algún secreto detrás de la estabilidad matrimonial?

-¿El secreto? Vivimos en un mundo muy orgásmico. La gente a lo mejor se apresura demasiado. El primer hombre, el primer beso, el primer amor, todo eso. Y cuando desaparece la fantasía, se busca algo más. Mañana podemos llegar a morirnos, hagámoslo ahora (Se ríe). Siempre existen espacios para conquistar. Probablemente porque los dos venimos de otras relaciones quebradas, Melanie y yo queremos seguir juntos con todos los complejos que sabemos que existen. Hay que crecer con las crisis para salir más fuerte, compartiendo, tratando de volver a enamorar la pareja otra vez. La fantasía del principio no vuelve, pero hay otros lugares increíbles que se encuentran con paciencia. Se puede crear un lazo profundo y otro tipo de amor. Soy muy feliz y nunca digo nunca. No sé que puede pasar en el futuro, pero mi intención es continuar con lo que hemos creado.

-¿Más allá de la actuación y la fama, es un apasionado de la vida?

-Sí, sí. No quiero morir (Riéndose). Hay gente que asegura la posibilidad de que podamos vivir más de 100 años. Probablemente mi hija. ¿Quién lo sabe? Y hay personas que dicen: «Yo no quiero vivir 100 años». Yo sí. Si me ofrecen un contrato para vivir 500 años, lo firmo ya mismo. Aunque me aburra después, lo firmo igual.

-¿Conoció personalmente al verdadero Pierre Dulaine, al que da vida en la película?

-Sí, tuvimos largas conversaciones, cenamos juntos... No me enseñó a bailar porque teníamos otros dos coreógrafos. Pero antes de empezar la filmación, hablaba con él durante 45 minutos o una hora. Interactuamos bastante. Es una persona muy interesante.

-¿Comparte su idea de que es posible cambiar la actitud violenta de un adolescente enseñándole a bailar?

-Los peores problemas que hemos visto en las escuelas norteamericanas han sido durante la adolescencia de los chicos, entre los 15 y los 18 años. Es una época muy conflictiva. Y puedo hablar del tema porque tengo hijos de esa edad, también. Dakota [hija de Melanie Griffith y Don Johnson] tiene 16 años y está pasando por un festival de hormonas. No sabe si debe jugar con el perro o salir con el vecino. Esa clase de confusión que la vida produce, en la búsqueda de ser «cool» o más fuerte, puede hacer que los chicos terminen haciendo cosas sin considerar las consecuencias. Por eso me pareció una buena idea que en la película cambiáramos la edad de los alumnos y Pierre estuvo de acuerdo con el cambio.

-¿Había tenido alguna experiencia con el baile de salón, antes de filmar la película?

-La única experiencia que yo había tenido es muy extraña. Mi madre solía ser jurado de un concurso europeo de bailes de salón, en París o Madrid, en torneos muy importantes. Ella siempre me invitaba. Pero es el único contacto que había tenido con el baile de salón.

-¿Y el «hip-hop» que bailan los más jóvenes?

-Yo nací en un año muy extraño. Me perdí la época de los «hippies» en el principio del «rock'n roll». Y después, cuando crecí, pasé a otra era. Ni siquiera pertenezco a la Generación X. Al irme de España, todo fue llegando un poco tarde, como el «hip hop».

-¿Qué estilo de música escuchan sus hijos?

-La música nueva, en verdad, la busco en la habitación de mi hijastro (Alexander) porque está mucho más actualizado. Cuando yo tenía 18 años, en 1978, con la música disco había temas rápidos y lentos. Y me encantaba, porque con los lentos te acercabas más a la chica... Era hermoso. Pero con el tiempo fue desapareciendo. Ahora todo es yo, yo, yo. Demasiada individualidad.

-¿Sale a bailar con Melanie?

-No salimos, pero a veces bailamos en casa. A Melanie le gusta mucho. Ella fue bailarina hasta los 15 años y también hizo «Chicago», donde tenía que bailar mucho. Quiero llevarla a la Academia de Pierre porque es algo que podemos hacer juntos para dinamizar la pareja.

-¿Baila también con usted su hija Stella?

-Stella es muy tímida. Baila con sus amigos, no le gusta que yo esté adelante.

-¿Necesitó ensayar mucho para bailar bien el tango en la película?

-Trabajamos como dos semanas. Pero créame que no se puede bailar el tango como en el cine. Es bastante interesante conseguir la disciplina. Es muy sensual ver a la mujer moverse con el cuerpo de acá para allá, tocándole la espalda con los dedos para cambiar de movimiento. Me gustó mucho.

-Con el musical de Broadway «Nine» fue candidato al premio Tony como Mejor Actor ¿Pudo trabajar en cine y el teatro al mismo tiempo o tuvo que elegir?

-Disfruto mucho en el teatro. Más allá del Tony, cuando volví al escenario me di cuenta que había dejado algo que amaba, sin darme cuenta. Es la razón por la que soy actor. Por eso, quiero volver. Hay un proyecto para hacer «Don Juan de Marco» y probablemente empecemos a ensayar en Enero. Incluso compré una casa en Nueva York, para obligarme a pasar más tiempo en Broadway. Entre todas las actividades que puedo realizar, actuar en teatro es la más importante. La segunda, ahora, en este momento en particular, es dirigir. La dirección me está abriendo un espacio que realmente admiro.

-¿Ya terminó «El camino de los ingleses»?

-Está a punto. No es una película tradicional norteamericana. Es sexual, dura, dolorosa, poética, muy europea. La historia ocurre en el año 1978, en el lugar de donde vengo y en la misma época en que me fui de allí. Rodarla fue como viajar en el tiempo al principio de todo lo que me pasó. En la película hablo de crecimiento. Quiero seguir actuando y dirigiendo. Más y más.

-¿Y Shrek 3?

-Ya hemos hecho varias sesiones. Es muy divertido.

-¿Por qué cree que hay tanta diferencia entre el cine de Hollywood y el europeo?

-No tenemos estudios ni inversores privados y por eso se necesita la ayuda del Gobierno. Por supuesto hay cierto peligro de paternalismo que tampoco es bueno para el arte. Francia sobreprotege demasiado a los artistas, al punto de transformarlos en perezosos. Me acuerdo de haber hablado del asunto con Paul Newman en Nueva York. Le pregunté por qué no hay teatro nacional en Estados Unidos, que puede pagarse con el costo de tres misiles. Me dijo que hace años que luchan por algo así, pero es un sistema europeo, y en Estados Unidos todo es privado.

-¿Hollywood entonces jamás contará con el estilo de cine que solía filmar con Almodóvar?

-Almodóvar es Almodóvar, es algo diferente. Está fuera de contexto. En Estados Unidos hay que explicarles ese estilo de cine. No lo entienden. A lo mejor le pasa lo mismo a Woody Alen. Son gente con personalidad muy fuerte.

-¿Algún día va a volver a trabajar con Pedro Almodóvar? ¿No lo echa de menos?

-Podría decirte que lo echo de menos, pero no es verdad. Yo sé que en algún momento volveremos a trabajar juntos con Pedro. Seguramente.