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Amenábar, Kidman y los otros favoritos para los premios

Eric Rohmer, en vez de el loco, que es lo que él suele hacerse en loshomenajes y coloquios que lo persiguen, lo que se hizo fue carne aquí en la Mostra; o sea, que estuvo, lo cual era el acontecimiento cinematográfico del día. Y hubo otro tan grande o más: se acabaron las películas de esta 58 edición, hoy dan los premios y Amenábar sigue en la brecha de las quinielas.

El director Eric Rohmer (a la derecha) recibió el León de Oro a su carrera. Epa
VENECIA. E. Rodríguez Marchante
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Los tres últimos títulos en salir a competir no le redujeron a Alejandro Amenábar su condición de favorito, más por empeño personal que por otros augurios que lo señalen. El italiano «Luna roja», de Antonio Capuano; el irlandés «Cómo Harry se convirtió en árbol», del serbio Goran Paskaljevic, y «La tarde de un torturador», del rumano Lucian Pintilie, tuvieron el honor de acabar, por fin, con la paciencia del personal, ya muy perjudicado físicamente por el «cuatro» de las butacas y moralmente por el «siete» mal zurcido de tanto rollo. Y al hilo de que ya están todas las cartas bocarriba, y a falta de favoritos descarados, habrá que hacer algunas cábalas sobre el palmares de hoy, que será un «serenguetti», por la cantidad de leones.

LOS FAVORITOS

A Amenábar puede perjudicarle la rara composición del jurado, una especie de camarote de los Marx, donde cada uno querrá sus dos huevos duros; al egocentrismo y caprichismo de un cineasta como Nanni Moretti, hay que añadir los nombres de directores tan lejanos como Jerzy Skolimovsky y Taylor Hackford, o de actrices tan fuertes como Jeanne Balibar y Cecilia Roth. Es inimaginable dar con un título que los una. En un alarde de osadía, se pueden colocar un peldaño por encima en las posibilidades, además de «Los otros» de Amenábar (que si no toca León tocará, al menos, interpretación con Nicole Kidman), la fresquísima película mexicana de Alfonso Cuarón, «Y tu mamá, también» donde brilla como un pomo bien relimpio Maribel Verdú.

No se puede ovidar la película iraní «El voto secreto» porque era una hermosa miniatura y, fundamental, por ser iraní (en esto de los festivales, son como los brasileños en el fútbol). Habría que tener previsto que una película tan «social y solidaria» como la de Ken Loach, «The Navigators», conecte con Nanni Moretti, que presume de compromiso con la izquierda.

No ha habido grandes convulsiones en la sección competitiva, por eso es más complicado ahora dar por bueno algún pronóstico. Todos, poco hechos, casi crudos: hay una actriz italiana, Sandra Ceccarelli, la protagonista de «Las luces de mis ojos», que podría atentar contra el premio de Nicole Kidman. El irlandés Colm Meaney, que juega a personaje fordiano, pero sacado de quicio, en la película de Paskaljevic «Cómo Harry se convirtió en árbol», podría tener opciones al premio de interpretación masculina, igual que los jóvenes Gael García Bernal y Diego Luna de la película de Cuarón.

Y ya un poco a la desesperada, se podría pronosticar un algo, cualquier cosa, para la coherencia (consigo mismo) de Philippe Garrel, que repite en «Salvaje inocencia» el «modelo Garrel» como si no estuviera gastado. O para «Lejos» de Techiné, película que da vueltas alrededor de algo grande y espeso, como la emigración o la muerte, sin atreverse a entrar al meollo. O para el cine italiano, que ha traído dos películas, «Las luces de mis ojos» y «Luna roja», de no muy largo alcance. O para el austriaco Ulrich Seidl, ganador sin duda del «león en celo» con su sordida y con hilachas pornográficas «Canícula».

MEJORES MOMENTOS SIN PREMIO

Sin opción a leones, por venir fuera de concurso, pero que han dejado los mejores momentos de esta edición grisota de la Mostra, el increíble niño Haley Joel Osment de la película de Spielberg, el dúo entre Eduard Fernández y Miguel Ángel Sola en «Fausto 5.0», Woody Allen de la cabeza a los pies y su partenaire, Helen Hunt, de los pies a la cabeza en «La maldición del escorpión de jade», David Mamet y lo tasada que ha venido la ración de cine chino e iraní, he aquí algunas razones por las que mereció la pena venir. Y porque hay billetes muy grandes que valen muy poco.