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Candela Peña: «Estamos en un momento de celebración de las mujeres normales»

La actriz protagoniza «Hierro», un drama de intriga de ocho capítulos que se estrena hoy en Movistar+

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A Candela Peña no le gustó demasiado cuando leyó (en ABC) que casi tanto mérito como ella tenía quien la había elegido para el papel. «Pero luego reflexioné: Candela, si a ti te pasó lo mismo. Fui la primera que me maravillé cuando recibí la historia y vi que habían pensado en mí para hacer de jueza». Meses después, la historia ha cuajado en una miniserie excelente, «Hierro», creada por Alfonso Blanco y Pepe Coria, que se estrena hoy en Movistar+. Recién llegada a la isla que da nombre a la serie, la funcionaria se encuentra con un crimen por resolver.

La actriz, ganadora de tres premios Goya, sabía que su personaje era complicado, puede que por la escasez de referentes. «Era muy difícil, pero me lo tomé con la responsabilidad de darle visibilidad a unas mujeres que existen y no se cuentan. Es muy difícil encontrar personajes cuya trama no se sostenga en un señor, que no haya un marido, un novio...», agrega Peña, quien una vez lanzada dispara casi sin pausas. «Es una tía en los 40, sin un físico que apabulle, como somos la mayoría de las que consumimos series y compramos revistas, en las que luego vemos a otras en la portada. Estamos en un momento de celebración de las mujeres normales, que tiramos de este país para adelante, muchas veces realizando verdaderos milagros».

Sin conciencia feminista

En «Hierro», además de Candela (personaje e intérprete comparten nombre), hay un puñado de mujeres fuertes, buenas y malas, pero la serie no va de reivindicaciones. «Ella no se entretiene en su rollo femenino, ni tampoco con su hijo, que está enfermo y podría tener más melaza esa trama. Pepe Coria, nuestro escritor, tiene muchísimo mérito». El creador replica que no tenían una consciencia feminista, «aunque en un momento dado alguien lo sintetizó: estamos haciendo una historia de madres». «Pero no había una intención», matiza.

Su hermano Jorge añade que sí fue deliberado «que no fueran personajes mecánicos al servicio de los hombres, que todos tuvieran entidad propia y que todo eso pasara de un modo natural, no forzado o de pose». «La vida es mucho más compleja e interesante que los clichés», remata.

«Está muy bien escrito», insiste Candela Peña, quien sin embargo también defiende su aportación: «Quise defender y peleé por hacer una mujer que llegaba al poder y no se masculiniza, que viéramos eso en su físico. Es una mujer que no tiene problemas en ir estrecha y decir: “Soy mujer, no me escondo y no tengo que hacerme Nacha la macha para que se me respete más”».

En su vida privada, Candela Peña no tiene tantos pantalones. «Intento no imponerse, porque me he llevado algún palillo. La prensa me ha tomado la matrícula cambiada y cree que soy reivindicativa solo porque un día –en una ceremonia de los premios Goya– dije algo que me pasaba en ese momento. Pero ni he hablado nunca de mis ideas ni de mi línea de pensamiento».

«Soy una bien mandada»

Esa humildad la traslada a su trabajo. «Yo he hecho latir a esa mujer. He hecho lo imposible por ella porque es uno de los personajes que más me he currado en mi vida, pero Jorge me ha llevado por donde ha querido porque también soy muy bien mandada. Aunque la gente fantasee, yo hago lo que me digan. Soy una pieza más para contar una historia de otros. Esa es mi felicidad, no hacer lo que yo quiera, porque para eso me hago un corto».

Un «malo» con carisma

«Yo hice televisión en blanco y negro. Imagina el cambio que noto hoy», confiesa por su parte Darío Grandinetti, encantado con «la irrupción de las plataformas». «Que Candela fuera la protagonista me animó a hacer la serie», asegura el actor, quien destaca también que, salvo tres, todos los intérpretes sean canarios. «El director encontró la manera de amalgamar los estilos. Estamos todos entusiasmados con el resultado», añade.

«El guión está muy bien escrito y mi personaje tiene una cosa muy atractiva. Es un tipo que intenta probar su supuesta inocencia cometiendo actos ilícitos. Y aún así genera empatía. ¿Qué sabe nadie lo que haría o no haría para demostrar su inocencia en un caso de asesinato?».