Pinturas, estampas, postales o maquetas, entre otros objetos, dan forma a la muestra
Pinturas, estampas, postales o maquetas, entre otros objetos, dan forma a la muestra - Matías Nieto

«Plaza Mayor: retrato y máscara de Madrid», un recorrido por cuatro siglos de historia viva

El Museo de Historia de Madrid dedica una gran exposición a este foro público, desde sus orígenes hasta la actualidad

MADRIDActualizado:

Plasmada en un plano, dibujada, pintada sobre lienzo, fotografiada o filmada, la imagen de la Plaza Mayor es un icono universal de Madrid. Un concepto de espacio público que ha traspasado lo puramente arquitectónico, que supera lo urbanístico y se ha convertido en un lugar que mide el pulso social de cada época. «Ver esa imagen que todos llevamos dentro de la plaza, aunque sea la imaginada, y sentirnos identificados al encontrarla es lo que nos ha motivado para trabajar en esta exposición», explica a ABC Beatriz Blasco Esquivias, catedrática de Historia del Arte de la Universidad Complutense y comisaria de «La Plaza Mayor. Retrato y Máscara de Madrid» junto con Antonio Bonet, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Un recorrido por los 400 años de vida de este foro público que acoge, en la primera gran retrospectiva dedicada en exclusiva a este emblema de la ciudad, el Museo de Historia de Madrid. Hoy abrirá sus puertas oficialmente a todos aquellos que quieran descubrirla a través de seis apartados cronológicos que parten de 1617 –fecha en la que Felipe III encargó a Juan Gómez de Mora su construcción– y que llegan hasta la actualidad.

El cuadro «Fiesta en la plaza Mayor de Madrid», de Juan de la Corte, se podrá ver en la muestra
El cuadro «Fiesta en la plaza Mayor de Madrid», de Juan de la Corte, se podrá ver en la muestra - Matías Nieto

Más de 300 piezas entre pinturas, dibujos, estampas e infinidad de otros objetos originales trazan su evolución. «Este espacio fue un espejo de armonía constructiva, de regularidad arquitectónica y supuso también una nueva forma de convivencia que asombró a todo el mundo», explica su comisaria. «Por primera vez se construyeron manzanas uniformes con fachadas de siete pisos de altura que dieron forma a un recinto cívico –sin edificios religiosos ni palaciegos– con una triple función: centro neurálgico de la villa, mercado y teatro urbano», añade, remarcando el carácter escénico que siempre ha tenido.

Fiestas taurinas, tarascas, procesiones –incluida la gran fiesta de la beatificación de San Isidro por el papa Paulo V en 1619–, autos de fe o juegos de caballería llenaron la plaza de espectadores. Hasta 50.000 pudieron llegar a congregarse en tablados y gradas que ocupaban hasta sus bocacalles, según algunos historiadores. Como curiosidad, se muestran tres entradas que autorizaban el acceso a los balcones de las viviendas que dan a la plaza para ver funciones de toros. Los reyes tenían reservado el balcón principal de la Casa de la Panadería. De su «cuarto real», en el que se servían los ágapes, se pueden ver algunos de los azulejos originales que formaban el escudo de Madrid que lo decoraba.

La exposición también aborda las sucesivas reconstrucciones y cambios que sufrió, sobre todo, tras los incendios de 1631, 1672 y 1790. Después del último, la plaza paso a estar cerrada, sustituyendo las bocacalles por arcos, y rebajó su altura para equiparar las casas de la Panadería y la Carnicería.

Los planos de Villanueva

Los dibujos de Juan de Villanueva con los proyectos de reconstrucción junto con importantes cuadros de Juan de la Corte –«Fiesta en la plaza Mayor de Madrid», de 1630– o la vista pintada por Antonio Joli hacia 1750 representando la plaza en día de mercado –cedida por la Pinacoteca de Caserta– permiten visualizar sus grandes cambios. La fotografía, junto a una importante colección de postales, carteles y fotogramas, reflejan la transformación de la plaza desde mediados del siglo XIX. Imágenes de Jean Laurent, Martín Santos Yubero o Vicente Ibáñez que captaron la incesante vida de este foro público, con jardines o sin ellos, con coches sobre sus adoquines o en su subsuelo. Hoy es carne de «selfie» para turistas que llevarán su imagen allí donde se nombre a Madrid.