Restaurante Fismuler
Restaurante Fismuler - @fismuler

Fismuler: cocina sencilla, espacio actual

Cocina sin grandes aspiraciones, con elaboraciones correctas, muchos guiños actuales y precios razonables

MadridActualizado:

Siguen las novedades en Madrid. Una de las más recientes aperturas es la que avala Nino Redruello, heredero de La Ancha, el restaurante familiar convertido en un grupo con el añadido de Las Tortillas de Gabino y La Gabinoteca. También participa en Tatel, aunque en este caso Redruello se limita a ser asesor culinario de un espacio de moda en el que prima el ambiente, el ver y ser visto, por encima de la cocina. Con Nino participa en Fismuler otro buen cocinero como es Patxi Zumárraga, con el que lleva asociado desde hace bastante tiempo. Ambos han puesto en marcha un espacio peculiar en su formato que no está funcionando nada mal en estas primeras semanas.

El lugar elegido es el local de la calle Sagasta que durante muchos años albergó uno de los restaurantes Arturo del empresario Arturo Fernández. Espacio algo falto de luz natural, aunque en el cambio radical de decoración a que ha sido sometido este aspecto ha mejorado algo. Son 400 metros cuadrados con una decoración muy austera, paredes desnudas en yeso y adobe, suelo de hormigón, mesas de madera reciclada (ya saben, sin mantel, que por desgracia es lo "moderno"), lámparas muy sencillas, velas por la noche... Se ha buscado intencionadamente un aspecto descuidado que parece ser tendencia en otros países europeos. En esa línea están también dos mesas corridas, una alta y otra baja con capacidad para 16 comensales, que funcionan sin reserva y en las que los clientes que en ellas se sienten deben compartir espacio. Como ven, se trata de potenciar la informalidad del restaurante.

Lo importante en cualquier caso es la cocina. Y en Fismuler no se come mal. Una carta muy breve (una decena de entradas, media docena de principales), con platos sencillos que se cambian con frecuencia buscando la estacionalidad y que recrea en cierta forma las de las casas de comidas tradicionales. Cocina sin grandes aspiraciones, con elaboraciones correctas, muchos guiños actuales y precios razonables. Muy agradables en esta época de calores la crema fría de tomates verdes (7 €) y la sardina limpia en ensalada con pepino y brevas (9).

Nos gustan también los garbanzos salteados con ternera y cigalitas (10), versión aligerada de los guisos invernales. Y no está nada mal el paté de campaña casero (8), al que le sobra una innecesaria crema de boletus. Lo más flojo las navajas, unas con ajada gallega y otras con una crema de guisantes y algas muy deslucida (12). Mejor en general las entradas que los principales. Correctos sin más un steak tartar de carne ahumada de vaca y especias cajún (18), de aliño muy tímido, y la merluza rebozada con puerros a la brasa (17). Postres agradables como las fresitas con crema (6) o la torrija con helado de leche (6)

Original el capítulo de bebidas. Además de una corta lista de vinos, con el aspecto positivo de que todos se sirven por copas, la oferta de Fismuler se basa en las jarras: de sangría, de michelada, de limonada o de un peculiar rebujito. Todas se hacen para dos personas (11,50) o para cuatro (20) y son una alternativa para acompañar la comida.