Cuando el derbi pasa a ser algo secundario
Miente todo aquel que diga que es un partido más, pero es cierto que la máxima rivalidad es lo de menos ahora
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Sevilla
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Iniciar sesiónLA teoría de los vasos comunicantes no suele fallar, es rara la vez en la que los equipos sevillanos no se ven afectados por ella. Si a uno le va bien, al otro le suele ir mal. Y viceversa, claro. En muy pocas ocasiones los ... dos están en la misma situación, que es cuando de verdad los derbis se juegan al 101 por ciento. Porque, aunque miente el que diga que es un partido más, lo cierto es que la máxima rivalidad queda a un lado cuando hay objetivos más importantes, ya sean para bien o para mal. Y eso es lo que le ocurre ahora mismo tanto al Betis como al Sevilla.
Los de Heliópolis han sabido darle la vuelta a la tortilla. Tras años de sufrimiento, de ver a los de enfrente levantar títulos y de ser apabullados en este tipo de encuentros cara a cara, han pasado a ser los que llevan la voz cantante. Los que tienen mejor plantilla, los que juegan de forma más atractiva, los que están mejor clasificados y los que luchan por objetivos más golosos. El Betis es mejor en la actualidad. Mucho mejor, de hecho, pero tenía un debe importante: no lo reflejaba en los derbis. Era lo único que se le podía achacar —y a lo que se agarraban sus detractores— a Pellegrini. Y hasta eso ha conseguido cambiar el mejor entrenador de la historia del club, la pieza clave para salir de la mediocridad. No hay que quitarle méritos a una directiva que se presentó en unas 'elecciones' para hacer desaparecer a Lopera y a los suyos, que prometió modernizar instalaciones e infraestructuras y que ha ido fichando jugadores de un nivel inimaginable hasta hace no mucho. Pero 'El Ingeniero' para unos, 'El Abuelo' para otros, Pellegrini para todos es el gran artífice de la mejor época de estabilidad y éxitos del club verdiblanco. Y por eso el derbi, aunque siempre es una alegría ganarlo, queda en algo secundario cuando la obsesión es clasificarse para jugar la Champions, llegar lejos en Europa y volver a tocar plata en la Copa.
En Nervión ocurre todo lo contrario, y hasta parece lejana la época dorada de los títulos. El Sevilla se había convertido en un grande, pero no sólo de España, también de Europa, que era donde de verdad daba miedo. Hasta hace relativamente poco jugar contra el Betis era una diversión, se esperaba como agua de mayo aunque en el horizonte hubiera alguna final europea. Humillar al eterno rival se había convertido en tradición. Ni siquiera era una distracción, no, sino que servía de motivación para el siguiente objetivo que estuviera por llegar. Pero desde hace unas temporadas todo ha cambiado. Ya no gustan los derbis, ya hay otra cosa en la que centrarse: no descender. Porque la actual directiva ha dilapidado todo lo bueno y ha provocado que el sevillista pase de las bromas y la guasa al miedo. Y lo cierto es que hay motivos para ello. Veremos en marzo.
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