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El placer es mío

La hora en blanco

Fuera, el temporal crecía. Dentro, el clima era de confianza y sobremesa larga. La cercanía entre ambos comensales resultaba evidente

Miguel Ángel Robles

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La tarde comenzó con un cielo de plomo y alertas meteorológicas de esas que se escuchan mucho y se atienden poco. La presidenta de la Comunidad, una política socialista que había podido gobernar gracias a la colación con la ultraizquierda, tenía programado un almuerzo de ... trabajo con un guapo presentador de televisión, ahora dedicado a la conducción de eventos empresariales y a la formación de directivos. Nada fuera del guion: política y comunicación, dos mundos que se cortejan con frecuencia. El encuentro se celebró en un discreto restaurante del centro. Eran las tres de la tarde y la lluvia ya empezaba a golpear los ventanales con una cadencia que presagiaba problemas. En la mesa se hablaba de medios, de narrativa pública, y la comida se prolongó mucho más de lo previsto. Mientras tanto, el teléfono de la presidenta vibraba sin descanso. Ella lo consultaba con una calma estudiada, entre un plato y otro, como queriendo que lo urgente no la distrajera de lo importante: el tipo tan interesante que tenía enfrente.

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