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La cacería
Salir a disfrutar con los amigos por la noche no puede ser una actividad de alto riesgo
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Iniciar sesiónHoy operarán al chico de la rotura de la nariz. Fue un puñetazo directo. Como el 'cross' de un profesional. Apenas pudo advertir quién le golpeó de sopetón, premeditadamente, y sin mediar palabra. Fue un golpe seco que le partió literalmente la cara. Ayer, con ... la cara hinchada y amoratada, no entendía por qué su madre, con todo el dolor del mundo, le decía que gracias a Dios se quedó solo en eso. Vamos, que está vivo y, aunque desfigurado, puede contarlo. Que no le dieron un navajazo.
El chico es una de las víctima este fin de semana de los pandilleros que cada cierto tiempo van a determinados barrios –el Centro, Nervión o El Porvenir– y a zonas de botellón muy frecuentadas -'Lipa', 'Chile', 'Casino'… a hostigar a los jóvenes que pasean en grupo o se concentran en torno a sus lotes de bebida. Les amenazan y atracan a punta de navaja para robar botellas, móviles o el dinero que tengan a mano. Y golpean a diestro y siniestro para generar el caos. Le llaman 'la cacería'.
Esta vez fue en los alrededores del Lope de Vega. Los jóvenes huían aterrorizados, saltaban por los parterres, caían al suelo… el susto no se les ha quitado de encima. Tienen tanto miedo que no quieren denunciarlo públicamente. Temen que se queden con su cara.
En el hospital le hicieron las primeras curas y el parte de lesiones. La impotencia del joven no es menor que la de un padre cuando se dispone a denunciar en la comisaría. Cuando en una le indican que mejor en otra, y en aquella que tendrá que esperar mucho tiempo... Los refieren las víctimas, se sienten doblemente víctimas cuando hay falta de empatía en el trabajo administrativo de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Siempre hubo canis, macarras, quinquis, burracos… Pero estas 'cacerías' plantean un nuevo fenómeno de guerra urbana que busca quebrar la convivencia. Aprovechan la impunidad, en algunos casos por ser menores, y la que genera una respuesta policial que no es todo lo diligente que se precisa para de una parte acabar definitivamente con el botellón y de otra perseguir a este tipo de grupos incontrolados que tristemente se están haciendo famosos en las calles de Sevilla con demasiados antecedentes.
La subdelegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Sevilla deben abordarlo con todo rigor e interés para evitar lo que cualquier día puede acabar en una desgracia mayor. No hay excusa, ni siquiera en la falta de efectivos policiales. Salir a disfrutar con los amigos por la noche no puede ser una actividad de alto riesgo para los adolescentes en Sevilla. La ciudad no será digna de sí misma mientras una madre no pueda despedir tranquila a su hijo por la noche temiendo que un grupo de desalmados le ponga una navaja en el pecho o le rompan la cara.
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