Sevilla al Día
La tiranía del elfo
Desde la cuna de Papa Noel nos han vuelto a colar un gol y aquí lo recibimos con resignación. Abran las apuestas para ver cuál es el próximo
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Iniciar sesiónCasi sin querer, más bien arrollados por un consumismo galopante que avanza impercetible, nos vemos abocados a vivir una Navidad que ha expandido sus brazos, a costa de nuestra salud física y contable. Más pronto de lo que uno desearía, veremos las luces encendidas en ... octubre en una partida infantil entre regidoras por ser los primeros; las bolas dispuestas en el árbol a principios de noviembre; la carta de los Reyes Magos se escribirá en la arena de la playa; y el roscón (del sabor más inesperado) se venderá para Todos los Santos. Dónde quedó aquel «ya no se respetan ni a los muertos».
Este escenario, para quien dude de ello, no es tan descabellado a la vista de las modas impuestas y adoptadas de otras culturas que nos aceleran el almanaque que confeccionó la tradición católica. En esta corriente de igualarlo todo, no descarten adaptar el calendario cofrade con una Resurrección en mayo.
Tras Halloween, o la impostada cena de acción de gracias, el último ejemplo de la invasión del mundo anglosajón que ha conquistado los hogares y casi nuestra rutina son los elfos, un muñeco enviado especial de Santa Claus para vigilar cómo se portan los más pequeños de cara a los regalos navideños. Los padres, víctima de esta tiranía, son presos de un juego diario y nocturno, como si el día a día no fuese lo suficientemente agotador. Ahora y hasta el 24 de diciembre, el día que conmemoramos el Nacimiento de Jesús, toca cada jornada inventarse una trastada del elfo como forma de diversión de los niños, como si fueran pocos atractivos los miles de juegos que le desbordan o compromisos extraescolares que someten las agendas familiares.
Ayer tocó hacer pintadas en el espejo con el pintalabios (y por la mañana limpiarlo); hoy hay que tirar todo el paquete de pasta por el suelo de la cocina (y después recogerlo); y mañana desenrollar el papel higiénico a lo perro de Scottex (y después enrollarlo). El 'boom' de este peluche entre los niños hace verdaderos estragos en la conciliación. A quién le toca esta noche inventarse la nueva gamberrada.
Lo que nadie de los que han sucumbido a la tiranía del elfo logra explicarme es la contradicción más que evidente entre la simbólica función del peluche de vigilar el buen (se entiende) comportamiento de los niños cuando los propios elfos son los primeros que por la noche idean una travesura en casa. Nada, desde la cuna de Papá Noel nos han vuelto a colar un gol y aquí lo recibimos con resignación. Abran las apuestas para ver cuál es el próximo.
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