Sin acritud
Extremistas
La Fiscalía viene a corroborar cómo el PSOE y Amama utilizan a las víctimas del cáncer como arma política
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Iniciar sesiónEL hombre lleva millones de años subyugando a la mujer. Desde que el mundo es mundo. Desde que existen las civilizaciones. Y eso no se cambia de un día para otro. Nos guste o no, lo cierto es que la sociedad aún sigue siendo eminentemente ... machista. Nuestros usos y costumbres. Micromachismos los llaman, que haberlos haylos. Pero también es evidente que en los últimos años se ha avanzado más que en todos los siglos anteriores. Que la mujer por fin empieza a ver que la igualdad real es posible, aunque aún quede un inmenso trecho por recorrer. Ese camino será más o menos largo, más o menos tormentoso, en la medida en la que todos seamos capaces de ser constructivos y conciliadores. Siendo conscientes también -y esta clave es fundamental- de que una cosa es la igualdad social, laboral, en derechos y deberes, y otra muy distinta es que hombres y mujeres somos, ciertamente, distintos. Por fortuna. Distintos en lo físico y en lo emocional. Y desde esa diferencia es desde la que hay que construir la equidad.
Sin duda, uno de los factores más dañinos a la hora de recorrer esa senda de la igualdad real es el extremismo de un cierto sector de la sociedad que enfoca el problema desde el rencor, desde la venganza tras siglos de sometimiento. Por resumirlo de forma gráfica aunque con brocha gorda: el feminazismo. Mujeres radicales que no buscan soluciones constructivas, sino 'revancha'. Y hombres, que quieren ser más radicales que la mismísima Irene Montero por aquello del qué dirán. Para ellas, y ellos, el hombre es el enemigo por el simple hecho de serlo. De ese radicalismo nació, por ejemplo, la ley del sí es sí, que ya sabemos el daño que ha hecho. Y ese fanatismo sectario provoca que se dilapide públicamente a todo aquel que ose decir que quizá, puede ser, a lo mejor, alguna mujer ha usado alguna vez la ley contra la violencia de género para vengarse de su ex marido y hundirlo social y económicamente. Que se lo digan al escritor y columnista Juan Soto Ivars. Las redes sociales, ese vertedero del siglo XXI, echa pestes contra él y su libro 'Esto no existe'.
Es el mismo extremismo que no acepta la posibilidad de que la asociación Amama, que ha sido fundamental para detectar los fallos en los cribados del cáncer aquí en Andalucía, ha derivado en una entidad absolutamente ideologizada, cuya máxima representante ha antepuesto los intereses políticos de la izquierda al de las enfermas a las que dice defender. La decisión de la Fiscalía de archivar su denuncia sobre el falso borrado de las mamografías contra el SAS es la prueba más evidente de ello. Utilizaron a las víctimas para dar carnaza al PSOE y al resto de la oposición en su guerra contra el gobierno de la Junta con la sanidad como excusa. Hasta Pedro Sánchez llevó al Congreso de los Diputados su mentira. Pero todo esto no se puede decir, porque entonces eres un fascista, un machista y un retrógrado. Y ellos los adalides de todo lo bueno. Como Errejón. O Ábalos. Ya saben, aquello de «soy feminista porque soy socialista». Ja.
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