EN LÍNEA
La utilidad del miedo
El archivo de la denuncia de Amama desvela un patrón ya conocido: convertir un fallo sanitario real en una campaña política sin freno ni rigor
Esta funcionalidad es sólo para registrados
Iniciar sesiónLa Fiscalía ha puesto negro sobre blanco lo que muchos sospechaban desde el primer minuto: no hubo delito en el supuesto «borrado» de mamografías en Andalucía. Ni revelación de secretos ni destrucción de imágenes ni manipulación de historiales. Simple y llanamente, hubo saturación del servidor ... público cuando miles de mujeres entraron a la vez a revisar si sus pruebas estaban disponibles. Probablemente por la alarma generada de modo un tanto artificial. Un fallo operativo, sí, pero no la catástrofe fabricada en titulares y notas de prensa por quienes decidieron presentar la sospecha como si fuera verdad judicial.
Amama llevaba semanas sosteniendo que el SAS había perdido, eliminado o dañado información sensible de miles de pacientes. La acusación era tan grave que, para cualquier entidad seria, lo natural habría sido extremar el rigor antes de lanzarla. Pero ese no fue el camino. Prefirieron el atajo, el que permite inflar cifras, insinuar conspiraciones y mantener en vilo a una población que ya bastante miedo acumula cuando oye hablar de cáncer. La asociación elevó el número de «afectadas» como quien mueve una ruleta con la esperanza de que caiga en rojo. Un día eran dos mil; otro, casi cuatro mil. Luego no eran «víctimas» sino «llamadas para pedir información». Paralelamente, las quejas no se trasladaban al gestor público con la misma velocidad con la que se colocaban en los medios. Y el resultado fue una campaña paralela, alimentada por una mezcla inflamable de dolor real y pestilente oportunismo político.
El archivo de la denuncia desmonta esa estrategia, aunque no compense el daño causado: la sensación de que Andalucía había vivido un colapso sanitario inconfesable, de consecuencias dramáticas. Hoy sabemos que las imágenes estaban donde tenían que estar. Que el sistema conservaba toda la información con normalidad. Y que el ruido procedía de la necesidad de estirar un conflicto sanitario para convertirlo en ariete electoral. Porque esta historia no va solo de mamografías sino de cómo una asociación que nació para acompañar a mujeres en uno de los trances más difíciles de la vida terminó siendo brazo articulado del PSOE en plena guerra de relatos. Va de cómo se degrada una causa justa cuando se convierte en herramienta del día a día político. Y va, también, de la facilidad con la que algunos usan el miedo ajeno para sostener un discurso sin comprobar si tiene cimientos. No es Amama la única responsable de la crisis del cribado. El sistema público tiene mejoras pendientes y desajustes conocidos. Pero una cosa es exigir soluciones y otra muy distinta provocar incendios donde no los hay, enarbolar la sospecha como prueba o insinuar un borrado masivo de datos sin disponer de una sola evidencia que lo sostenga. Manipular el dolor como eslogan es, sencillamente, indecente. La Fiscalía ha cerrado el caso. Y, al hacerlo, ha dejado abierta una pregunta incómoda: ¿qué queda cuando desaparece el escándalo y sólo permanece el eco del miedo? Para algunos, la respuesta es evidente: queda la certeza de que no todos luchaban contra el cáncer.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para registrados
Iniciar sesiónEsta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete