Perdigones de plata
Ese capitalismo cabrón…
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Iniciar sesiónGracias a «ese capitalismo tan cabrón», que dijo el otro día un veterano 'chansonnier' de nuestra mina melódica enganchada desde la nostalgia al grisú del cómodo antifranquismo de salón, buena parte de la gallarda progrez se forra y se ha forrado. Además, incrustados en «ese capitalismo tan cabrón» que les proporciona aurífero sustento ... , pueden criticar la crueles leyes capitalistas no sólo sin problemas morales que les muerdan la conciencia, sino que encima consiguen marchamo de gente comprometida, enrollada, solidaria, ecológica, resiliente y tal y tal. Estas voces tan críticas, si fuesen justas, tendrían que levantar un monumento a ese capitalismo cabronazo que les ha permitido fecundas ganancias pese a sus nebulosos sufrimientos de plañidera de lujo.
En cambio, los que no criticamos al capitalismo normalucho o al capitalismo ultracabrón deseamos formar parte de él porque entendemos que sólo bajo su cochina tutela ascenderemos en esta dura jungla de asfalto. Le profesa uno enorme fe al capitalismo que actúa como palanca para que progresemos a base de esfuerzo, tesón, talento y un puntito de imprescindible suerte. Las reglas del capitalismo son duras, desde luego, pero preferimos jugar en ese campo, y no en el del socialcomunismo barato que se dedica a repartir paguitas limosneras que domestican cualquier espíritu y amansan voluntades porque las encauzan hacia la sopa boba que zombifica el alma. El capitalismo cabroncete nos asegura el vermú del sábado a mediodía. El capitalismo megacabrón fertiliza nuestras ensoñaciones de riquezas variadas. Y el capitalismo supercabrón nos levanta tensos cada mañana con el cuchillo de bucanero entre los dientes. «Ese capitalismo tan cabrón» engrasó su pérfida maquinaria a todo trapo para conseguir rápido las vacunas contra el bicho pandémico. Con los aplausos de balcón, tan nobles, tan bondados, tan huecos, vaya, escaso provecho se habría logrado para salir del atolladero. Dame capitalismo cabrón, papi, que me apetece merendar gambas como si fuese un sindicalista.
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