En el poder, como sea

El problema se agrava para España en la medida en que la crisis política no va a encontrar su salida natural en unas elecciones generales anticipadas

Actualizado:

LOS pactos del Gobierno con los nacionalistas vascos y canarios no van a dar más estabilidad que la que precisa Zapatero para prolongar la agonía de su mandato. La inestabilidad que aqueja a España no se resuelve con pactos de legislatura de última hora, como si el problema nacional fuera la inquietud por la falta de apoyos de Zapatero. El problema sigue siendo el mismo que antes de los acuerdos con PNV y Coalición Canaria, la existencia de un Gobierno agotado y aferrado al poder, solo que con una expectativa ampliada en el tiempo. Por tanto, el problema se agrava para España en la medida en que la crisis política no va a encontrar su salida natural en unas elecciones generales anticipadas. La colaboración nacionalista tampoco va a ser gratis, más allá del precio pagado por el Gobierno con forma de transferencias, dinero y otros pactos que, en el caso del PNV, se adivinan en el terreno de la lucha antiterrorista; o más bien habría que decir en el terreno del cese de la violencia. Es una auténtica burla que el remate al acuerdo con el PNV haya ido acompañado de elogios del Gobierno al «sentido de Estado» de los nacionalistas vascos, pese al historial que estos presentan de deslealtad a la Constitución, a los intereses nacionales y a la lucha contra ETA. Por lo pronto, el Gobierno canario va a entrar en crisis tras el anuncio del líder del PP y vicepresidente del Ejecutivo autonómico, José Manuel Soria, de no mantener el acuerdo con Coalición Canaria. La respuesta del PP es coherente con la responsabilidad que asumen sus hasta ahora socios de gobierno en prolongar la crisis política y económica de España con su apoyo a Rodríguez Zapatero. No se puede jugar a dos barajas en un momento histórico que reclama, más que nunca, cambiar de rumbo político.

Pero las turbulencias han llegado también al Partido Socialista de Euskadi, cuyos dirigentes no pueden ocultar su malestar por el acuerdo con el PNV, que pone punto final al cambio político que pudo haberse iniciado hace dos años, con el consenso entre populares y socialistas para acabar con la hegemonía nacionalista. Alguno de los dirigentes del PSE ha reconocido que el pacto de Zapatero con Urkullu ha traspasado «alguna línea roja». Pero no basta con lanzar estos mensajes de medias palabras si no vana acompañados de hechos. Mientras no se demuestre lo contrario, el PSOE es tan responsable como Zapatero de haber acabado con la esperanza de cambio en el País Vasco.