Otro «tijeretazo» en ciernes

El nuevo recorte es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones

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LAS cuentas siguen sin cuadrar al Gobierno. La exigencia hecha meses atrás por la Unión Europea y por Estados Unidos al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero para acometer una urgente y drástica reducción del déficit público, y evitar así el drama de un rescate de la economía española similar al decidido con Grecia, está obligando al Ejecutivo español a hacer mucho más que esfuerzos más o menos bien intencionados. En realidad, le está empujando a recurrir a artimañas más típicas de la letra pequeña de un contrato que a una gestión transparente y sincera con el ciudadano. Según adelanta hoy ABC, el Gobierno está estudiando la posibilidad de dar a medio plazo un nuevo «tijeretazo» a las prestaciones por desempleo, rebajando la cuantía de los subsidios de paro. Hasta el momento, un desempleado con derecho a subsidio percibe el 70 por ciento de su base reguladora durante los primeros seis meses y el 60 por ciento de esa base hasta el final de la prestación. La idea que maneja Moncloa para los próximos meses pasa por reducir esos porcentajes hasta el 60 por ciento en la primera fase, y al 50 por ciento para el resto del periodo con derecho a subsidio, de modo que un parado con una base reguladora de mil euros y dos años de paro pasaría de cobrar 15.000 euros a 12.600; un recorte del 16 por ciento. Si a ello se unen la posibilidad de que el Gobierno decida recortar también los días que se tienen derecho a la prestación por desempleo y la prórroga con restricciones que impedirá a más de 70.000 actuales desempleados el acceso a la ayuda de 426 euros cuando agoten sus prestaciones, el puzle completo ofrecería la imagen de un Gobierno que, de nuevo, asesta un severo varapalo a su maltrecho icono de las «políticas sociales».

Es, una vez más, la paradoja de un Gobierno que siempre presumió de no desatender a los «desfavorecidos» y que ahora se ve acorralado por su propias contradicciones y por la más errónea de las estrategias para luchar contra una profunda crisis económica: la de la incoherencia de dar bandazos constantes. Sin más recortes impopulares no parece que vayan a cuadrar las cuentas. Los excesos del pasado de un Gobierno manirroto, su imprevisión y su afán por negar la realidad durante más de un año se están pagando hoy con un desempleo desbocado, con una economía incapaz de crecer a ritmo constante, con una reducción drástica en la inversión de obras públicas y con subidas de impuestos generalizadas cuyo tope el Ejecutivo mantiene deliberadamente abierto. Cuando la necesidad obliga, la incapacidad ahoga.