Una nueva Turquía

Erdogán ha logrado un instrumento con el que puede refundar el país a su medida

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

CON la reforma constitucional aprobada ayer en Turquía, el primer ministro islamista Tayip Erdogán logra introducir importantes elementos de apertura democrática en el esquema militarista y autoritario que impuso el Ejército después del golpe de Estado de 1980, pero también elimina los últimos resquicios que preservaban la herencia laica del fundador de la República, Mustafá Kemal Ataturk. Respaldado por la victoria en el referéndum, Erdogán pasa a controlar todos los poderes del Estado: el Ejecutivo, la Presidencia de la República, el Parlamento —por mayoría absoluta— y, gracias a los mecanismos habilitados por su reforma, podrá intervenir a su antojo en el aparato judicial, que era el único que con la anterior Constitución estaba fuera de su alcance. Después de neutralizar al Ejército a base de investigaciones estrambóticas, el primer ministro ha utilizado el acercamiento a la UE para emprender la mayor reforma política de la historia moderna de Turquía, que es la llave para abrir las puertas a todos los cambios. La reforma elimina muchos tabúes que estaban vedados por el régimen kemalista, tanto en el campo de la liberalización democrática como del retorno a las raíces religiosas islámicas y orientales. Es decir, Erdogán ha obtenido carta blanca para transitar por caminos prohibidos hasta ahora. Lo que falta saber es por cuál de ellos quiere llevar al país, si prefiere seguir por la ruta liberal que le condujo a lograr el estatus de candidato al ingreso en la UE o si, en cambio, quiere continuar con gestos como la política de acercamiento al régimen teocrático iraní y reforzar su identidad islámica. Erdogán ha logrado un instrumento con el que puede refundar el país a su medida. Ahora veremos cuál es la Turquía que el dirigente islamista tiene de verdad en mente.