EN OBSERVACIÓN
Qué funeral cuando no hay Estado
El arquitecto del muro oficia este miércoles una misa negra por el cisma de la nación
Síndrome de Feijóo y vértigo vicario
Sánchez en las Azores
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Iniciar sesiónSe atribuye a Alfredo Pérez Rubalcaba –al menos así lo hace el gremio de los forenses, y también el de los sepultureros municipales– aquello de lo bien que enterramos en España. Al malogrado exministro se le debió de ocurrir la gracia cuando el chivatazo del ... Faisán, pensando en los muertos de ETA y en lo hondo que estaban, tierra adentro. «Siete llaves al sepulcro del Cid y a otra cosa, mariposa o faisán, gavilán o paloma». Sin salir del aparato logístico de la funeraria de Ferraz, en cuyo laboratorio no dejó de innovar, Rubalcaba hiló todavía más fino cuando en 2004 revolucionó el sector de las esquelas mortuorias a través del SMS, entonces en estadio larvario o fase beta. 'Pásalo'. La muerte no es el final, sino un buen comienzo, se dijo el entonces portavoz del PSOE. Y de aquellos polvos –«in pulverem reverteris»–, estos lodos.
Mientras le damos una vuelta a la tasa de residuos urbanos vamos metiendo en el contenedor de los restos orgánicos, el marrón, lo que va quedando de todos los muertos que desde los tiempos de Alfredo Pérez Rubalcaba han sido reutilizados por el PSOE de la sostenibilidad. Son muchos, centenares, asesinados por una célula islamista, ahogados en una riada, fulminados por un virus –7.291 en Madrid, vendido en Doña Manolita y cantado por las niñas de San Ildefonso de TVE– o abandonados a su suerte tras un cribado mamográfico. Pásalo. Las palabras con que Pedro Sánchez llamó el pasado fin de semana a la oración laica por las víctimas de la dana del año pasado son la mejor expresión de la virtud del reciclaje 'post mortem', genuino manifiesto de la desmembración del mismo Estado –mitad y mitad– en nombre del cual el presidente del Gobierno convoca un funeral civil en las Calatravas de Valencia, no confundir con la iglesia homónima de la calle de Alcalá. Mañana tocan a muerto.
En todas las familias cuecen habas y ninguna misa de difuntos cuenta con la garantía de que alguien no pierda el oremus y de que no se produzcan roces entre parientes mal avenidos, llamados al reencuentro o el encontronazo por causas de fuerza mayor. No es tan frecuente, sin embargo, que se dedique a meter cizaña quien precisamente está obligado por la naturaleza de su cargo y su alta conciencia nacional a estrechar los lazos de esa gran familia que en la ciencia política denominamos Estado.
—¿Viene el del Ventorro?
—Eso parece.
—De putísima madre. Se va a enterar.
Para eso queda un funeral de Estado donde no hay Estado, organizado para más inri por quien de forma premeditada, arquitecto del muro y desenterrador de memorias históricas, se ha encargado de hacerlo bicarbonato.
—Si quieren un funeral, que lo pidan.
Incluso un pato muerto, hallado en la ribera del Manzanares por los profesionales del sector de las fosas, presunta víctima de una mascletá a la acudió puntual Mazón, sirvió de mantillo para la discordia que cultiva nuestro hombre de Estado. Volvemos así al faisán y la 'faisandage', por el pato, que llevaba varios días muerto, como Franco cuando su segundo funeral, también de Estado.
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