el contrapunto
Entre tahúres anda el juego
Estamos ante una partida humillante disputada por dos trileros llamados Puigdemont y Sánchez sobre el tablero de nuestra nación
Pedro Sánchez, traidor a España
Nos quieren pobres mientras se forran
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Iniciar sesiónEL sanchismo ha degradado de tal modo la democracia que ya hablamos con total naturalidad de la negociación entablada entre el jefe del Gobierno y un prófugo de la Justicia, por la persona interpuesta de un ex presidente, con la mediación de una fundación especializada ... en la 'resolución de conflictos', eufemismo empleado para denominar, por ejemplo, el pacto de la vergüenza suscrito entre Zapatero y ETA. Sánchez ha conseguido normalizar una anomalía inconcebible en cualquier país de nuestro entorno, que sitúa en el mismo plano al poder Ejecutivo y a un golpista, y aquí le hacemos el juego analizando el guión de este esperpento como si se tratara de algo perfectamente lícito en el teatro de la política, cuando estamos ante un desafío sin precedentes al Estado de derecho y una burla obscena a las reglas por las que se rige. Una partida humillante disputada por dos tahúres llamados Puigdemont y Sánchez, sobre el tablero de nuestra nación, cuyo desenlace es imprevisible dado que se trata de dos tramposos de trayectoria acreditada que llevan años intentando engañarse el uno al otro. Dos trileros, a cual más sucio, carentes de palabra u honor.
Los abrazos y presuntas rupturas de estos amantes son tantos y tan fugaces que no ofrecen credibilidad alguna. El náufrago varado en Waterloo podrá fingir que esta vez es la definitiva y no tiene vuelta atrás, pero votará de nuevo junto a la izquierda en el Congreso si con ello obtiene algún beneficio tangible, aunque ese respaldo le cueste una sangría de papeletas. La realidad es que está arrinconado en un callejón sin salida y debe de haber asumido que le han estafado. En cuanto al caudillo socialista, hasta ahora puede presumir de ir ganando. Más allá de traicionar sus promesas, demostrar con ello su ínfima catadura moral y erosionar gravemente la dignidad de las instituciones, sus concesiones se han traducido en poca cosa, no por falta de voluntad y disposición a romper el orden constitucional, sino por el coraje de los jueces a la hora de resistir al asalto y la negativa de nuestros socios europeos a secundar sus pretensiones. La amnistía no ha permitido el regreso del fugado, porque el Supremo aguanta y hace valer la ley. El catalán no será lengua cooficial en Europa, se ponga como se ponga Albares. Veremos hasta dónde llegan los privilegios fiscales, aunque de momento han levantado tal ola de oposición que será difícil implementarlos. Y es harto dudoso que la Generalitat llegue a controlar las fronteras.
En este escenario, lo peor que podría hacer Feijóo sería aproximarse a Junts para hablar de una moción de censura. La decencia democrática exige mantener una distancia infinita con un partido que aboga por la destrucción de España y protege a un delincuente huido. Con Puigdemont no se puede ir ni a heredar… nunca mejor dicho.
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