Europa, sin norte ante la crisis

La indecisión de la UE para adoptar medidas firmes contra la crisis puede llegar a amenazar la supervivencia misma del euro

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NADA hay más pernicioso para las finanzas que la incertidumbre. La Unión Europea lleva ya demasiado tiempo gesticulando sin demasiado convencimiento en torno a la crisis financiera y a las dificultades de ciertos países para superarla, y cada vez se escuchan más claramente las advertencias de que esta situación puede llegar a amenazar la supervivencia misma del euro. Los ciudadanos de a pie asisten incrédulos a un desfile de cifras estratosféricas, dedicadas a los rescates financieros, mientras sus economías domésticas se adaptan a la fuerza a recortes de todo tipo. Ni siquiera se ha logrado un acuerdo político para aprobar el presupuesto de la Unión Europea, que por primera vez en su historia podría llegar a prorrogar las cuentas vigentes. En Europa se echa en falta un liderazgo fuerte y claro que oriente con firmeza el timón. Hasta ahora se hablaba de la UE como de un gigante económico y un enano político y militar, pero ahora Europa corre el riesgo de carecer de estatura en todos los campos.

En el caso irlandés —el último por ahora— se entrecruzan las visiones a corto plazo de gobiernos que temen decirles a sus ciudadanos la verdad con los miopes puntos de vista de unas instituciones que han hecho de la obsesión por el consenso un obstáculo para su actividad, como si el hecho de adoptar decisiones compartidas por todos fuera lo más adecuado para salir de la crisis e impedir que los problemas se extiendan a otros países. Si Irlanda necesita ayuda financiera —y es evidente que la necesita— no sirve de nada seguir regodeándose en circunloquios para regatear detalles de última hora con pretextos de política interior. Si España debe reformar el sistema de pensiones, como se le acaba de decir por enésima vez al Gobierno, lo peor es seguir escondiendo la cabeza, a la espera de que las encuestas sean más favorables para abordar una reforma impopular. Ni siquiera Alemania, con su fortaleza industrial, está a salvo de las consecuencias de esta falta de liderazgo. Esta crisis puede llegar a ser peor que todas las anteriores porque, más allá de las cuentas de resultados del sector bancario, hay muchas cosas en juego. Lo que podemos perder es todo aquello que ha hecho de la Unión Europea un éxito y un modelo para el mundo.