IVA y desconcierto energético

El desconcierto energético y el incremento del IVA demuestran que la improvisación sigue siendo la seña de identidad de un Ejecutivo que pretende reducir el déficit a brochazos espasmódicos

Actualizado:

LA subida del gas natural un 8,1 por ciento a más de siete millones de hogares y la del gas butano un 6,6 por ciento, días después de que Gobierno y oposición pactaran abordar la reordenación del modelo energético con un primer acuerdo sobre la paralización del aumento de la tarifa eléctrica, resulta incomprensible. El incremento del gas natural y del butano, coincidiendo con la subida del IVA, es, además de injusto, contradictorio. No se entiende que la normativa vigente en materia de revisión de precios se aplique en exclusiva para el gas, mientras el Ejecutivo sigue sin abordar el déficit de tarifa, es decir, la diferencia entre los costes e ingresos del sistema eléctrico, que se encamina vertiginosamente hacia la insostenible cifra de 20.000 millones de euros —que equivale al 2 por ciento del PIB—, y las dificultades para su titulización aumentan en la medida que lo hace la percepción de inseguridad jurídica y el riesgo país de España en los mercados internacionales, alimentadas con medidas arbitrarias como la fijación de precios con criterios exclusivamente políticos. Tal vez el acuerdo entre el ministro de Industria, Miguel Sebastián, y el portavoz económico del PP, Cristóbal Montoro, pretendía ganarse el favor de la opinión pública congelando la factura de la luz para que después, y por la puerta de atrás, el Gobierno incrementara de forma desmedida el recibo del gas, en una clara estrategia compensatoria. Frenar la subida de la luz para días después hacer lo contrario en el caso del gas demuestra un profundo desconocimiento de las reglas de funcionamiento del sistema energético y de las graves consecuencias que están ocasionando la falta de seguridad jurídica, la inestabilidad normativa, el desbarajuste regulatorio y la inconcreción sobre el calendario y los contenidos de la reforma energética.

Que los dos grandes partidos logren un gran acuerdo sobre el modelo energético español, abierto a consensos más amplios, es imprescindible para que la energía contribuya a la competitividad y la recuperación de nuestra economía a partir de un marco jurídico que aporte seguridad y certidumbre y profundice en la liberalización del sector. Pero es necesario, también, que además de que las empresas puedan funcionar con normalidad, sin ver suspendida la legislación vigente ni amenazados sus planes, los españoles no se conviertan en rehenes de una política tarifaria aleatoria, incongruente y oscilatoria en función de componendas partidistas. Urge un marco estable para que los españoles no estén al albur de los caprichos de un Gobierno que marca los precios con criterios demagógicos mientras descarga todo el peso de la crisis sobre los hombros de los sectores más desfavorecidos.