Más demagogia fiscal

Subir el tramo del IRPF a quienes declaren más de 150.000 euros solo puede servirle al Gobierno como guiño hacia una izquierda ya desengañada con su gestión

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ENTRE las ocurrencias para salir del paso y la demagogia pura y dura, el Gobierno pretende lanzar mensajes populistas con la apariencia de que los «ricos» van a pagar el coste de la crisis. Rodríguez Zapatero provocó en buena medida el déficit que hoy padecen las cuentas públicas a través de medidas como el «cheque bebé» o el «regalo» de los 400 euros. Ahora intenta reducirlo con urgencia a base de planteamientos que no superan el ámbito de la mera propaganda. Hoy informa ABC sobre una de las ideas que maneja el Ministerio de Economía, subir el tramo del IRPF a los contribuyentes que declaren rentas por encima de los 150.000 euros anuales. Ante todo, sería imprescindible un estudio riguroso sobre la eficacia recaudatoria de esta posible reforma legislativa, pero todo apunta a que tales efectos serían muy limitados a la vista del número de eventuales afectados, poco numerosos. Por lo demás, el impuesto sobre la renta recae básicamente para esas cantidades sobre profesionales de alta cualificación, pero no alcanza a quienes obtienen ingresos por vías de más difícil control que una nómina, aunque ésta sea elevada.

Se trata, una vez más, de hacer un guiño populista a ciertos sectores y recuperar los votos de una izquierda, ya desengañada, a la que le gusta recordar ciertas ideologías trasnochadas, aunque no sirva de nada a efectos de reducir un déficit descontrolado. El Gobierno es incapaz de transmitir a los agentes económicos y al conjunto de la sociedad española esa confianza imprescindible para que aparezcan algunas señales de luz a la salida del túnel. En una economía de mercado, sin confianza no hay creación de empleo, por mucho que se maquillen algunas cifras macroeconómicas. Tampoco sirve de nada hacer declaraciones grandilocuentes y gestos para la galería con fines estrictamente electoralistas. A pesar de todo, con tal de pescar algunos votos en las múltiples elecciones que se avecinan, Rodríguez Zapatero parece dispuesto a empeorar todavía más las condiciones objetivas en que se mueve nuestra economía. Si todos los proyectos que maneja el departamento dirigido por Elena Salgado son del mismo tenor, es natural que la sociedad desconfíe profundamente de un equipo incoherente e incapaz. Al parecer, todo vale con tal de que el presidente pueda lucir en los mítines preelectorales una imagen falsamente progresista. Habrá que seguir con preocupación las nuevas maniobras de un equipo superado por las circunstancias, que maneja ya cualquier idea con tal de aparentar que aporta soluciones a los problemas que en buena medida ha contribuido a crear.