8 DE NOVIEMBRE
El fiscal y la balanza
La toma de la Fiscalía General del Estado por parte del Gobierno y un balance del primer año de Milei en la Casa Rosada centran la opinión de nuestros lectores
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Iniciar sesiónDecía Azaña que en España la justicia no se administra: se reparte, como los favores. Ochenta años después, el diagnóstico sigue teniendo la precisión de una autopsia. El fiscal general del Estado, figura que debería ser garante de la ley y del equilibrio institucional, parece ... hoy un actor más en el teatro del poder, recitando el papel que el Gobierno escribe entre bambalinas.
No se trata de nombres propios, sino de un modo de entender el poder: el de quienes creen que el Estado de Derecho es una finca familiar, y la Fiscalía, su despacho de abogados. Cuando el fiscal deja de ser la voz del pueblo para convertirse en la voz del Ejecutivo, el derecho se convierte en un eco y la justicia en un simulacro.
España arrastra una vieja tentación: la de confundir independencia con obediencia discreta. El fiscal puede ser autónomo… siempre que no contradiga al ministro. Y así nos encontramos con una justicia que se pretende ciega, pero que abre un ojo para mirar de reojo al Boletín Oficial.
La tragedia no es política, sino moral. Una nación puede sobrevivir a gobernantes incompetentes, véase Mazón, o a parlamentarios estridentes, léase Rufián, pero no puede sobrevivir a la pérdida de confianza en sus jueces y fiscales. La ley debería ser el último refugio del ciudadano; cuando se convierte en herramienta del poder, ya no protege: amenaza.
Se nos dirá que el sistema funciona, que la Fiscalía actúa «conforme a Derecho». Tal vez. Pero convendría recordar que también las dictaduras redactan sus normas con escrupulosa corrección formal. La diferencia entre una democracia y su caricatura está en la decencia de quienes aplican las leyes, no solo en la letra de las leyes mismas.
El ciudadano, cada vez más cansado, contempla la escena con una mezcla de incredulidad y resignación. Sigue creyendo en la justicia –como se cree en los Reyes Magos–, con una fe que sobrevive a fuerza de costumbre. Pero la fe, cuando se gasta, no deja espacio al civismo, sino al cinismo. Y ese es el peor de los delitos: el de un país que deja de confiar en sí mismo.
Dionisio Martos Medina. Beas de Segura (Jaén)
Milei y Argentina
Milei, contra algunos pronósticos, ganó las elecciones legislativas en Argentina. Este resultado, aparentemente inesperado, supone un importante apoyo, y el presidente lo interpretará como un respaldo a su política de recortes. Su supervivencia política ya no está en duda, y sus opciones para ser reelegido en 2027 mejoran. Milei encarna el antikirchnerismo, pero repite la fórmula del periodo anterior. Lo que realmente necesitan los argentinos es una política centrada en resolver los problemas cotidianos. Si Milei quiere seguir esa línea, tendrá que renovar sus equipos y toda la Administración en todos sus niveles. Ahora que ha recibido un nuevo apoyo, sería conveniente que abandonara su enfoque de político antisistema, adoptando un estilo más modesto.
Jesús Domingo Martínez. Gerona
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