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Por lo que sea

La sinceridad de los tiranos

Como director del Cervantes, a Luis García Montero se le supone el talante de un embajador

Zona de confort

La literalidad de la chistorra

Bruno Pardo Porto

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Las buenas noticias para un periodista suelen ser las malas para un país: a la democracia le viene bien el aburrimiento, no las aventuras informativas. Por eso hay algo triste en la adrenalina que nos invadió en Arequipa cuando Luis García Montero, director del Cervantes, ... volvió a atacar a su homólogo en la RAE, Santiago Muñoz Machado, delante de las cámaras y de un ilustre público formado por académicos, diplomáticos, políticos y técnicos de la lengua, además de plumillas. Hubo risas nerviosas y de incomprensión, hubo estupefacción, fue gamberro, fue violento, fue difícil de creer. Me acordé, allí, de aquel día en el que Wenceslao Fernández Flórez era cronista parlamentario de ABC y volvió sin nada a la Redacción: «Director –lamentó ante Juan Ignacio Luca de Tena–, allí lo que tiene usted que mandar es un redactor de sucesos».

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