El zoco del siglo XXI
El Morocco Mall, recién terminado en Casablanca - ABC

El zoco del siglo XXI

En Marruecos intentan convivir los mercados tradicionales con nuevos y exclusivos centros comerciales como el recién inaugurado Morocco Mall

enviado especial a casablanca Actualizado:

¿Están los tradicionales zocos marroquíes en peligro de extinción? La pregunta es obligada tras la apertura al público el 5 de diciembre del mayor centro comercial de África en la ciudad de Casablanca. El Morocco Mall es un mastodonte levantado a orillas del Atlántico sobre 250.000 metros cuadrados con un coste de 200 millones de euros y expectativas de 14 millones de visitantes al año. Creará, según sus responsables, 5.000 empleos directos y 21.000 indirectos. La obra ha entrado en el Libro Guinness de los Récords por contar con la mayor fachada comercial del mundo, propiedad de los grandes almacenes franceses «Galerías Lafayette», que dan así el salto a África.

Entre las 350 tiendas están también el primer Fnac del continente, numerosas franquicias de lujo y las ocho marcas del grupo español Inditex con su buque insignia, Zara, a la cabeza. Cuenta, además, con un cine en tres dimensiones, una pista de patinaje, zona de restaurantes, una fuente luminosa… y hasta la reproducción de uno de esos mercados tradicionales que tanto atraen a los turistas en las medinas.

«Me fascina la autenticidad del zoco tradicional marroquí, que hay que considerar como uno de los mejores centros comerciales que existen desde hace siglos», opina Davide Padoa, consejero delegado de Morocco Mall para explicar ese guiño a la tradición en medio de tanta modernidad: «Disponer de parte de esa tradición marroquí nos permite tener al mismo tiempo el espíritu comercial del pasado en el futuro».

Frente al lujo, extensiones inmensas de chabolas y barrios desfavorecidos, que han visto abrirse una pequeña ventana a la esperanza. Gracias a la mediación de una ONG local unos 300 jóvenes parados de los barrios aledaños al Morocco Mall han encontrado trabajo de vigilantes, jardineros, limpiadores, camareros o aparcacoches.

En la calle de los Cónsules de la medina de Rabat, todo un lujo para el viajero comprador, los comerciantes no pasan por sus mejores tiempos pero no miran a los centros comerciales —el Morocco Mall no es el primero del país aunque sí el más grande— con recelo. Malika ha tomado el relevo de su padre, un mítico vendedor de teteras fallecido en 2008. «No estoy muy segura de que nuestro futuro esté aquí», dice la mujer en su diminuta tienda de cuatro metros cuadrados.

«Los turistas que vienen a Marruecos tienen ya en sus países centros comerciales y prefieren venir a los zocos de las medinas», afirma más optimista Mohamed Radi Fadel, un vendedor de joyas y objetos bereberes de 47 años. «No tenemos miedo», asegura recordando que «los ricos marroquíes amantes del Mall no frecuentan las medinas». A lo que sí teme Fadel es a las baratijas que les llegan desde Asia y a la venta de la plata de las minas marroquíes a empresas suizas

Con todos los respetos al Morocco Mall, la cuna del emocionante regateo y el «más barato que en El Corte inglés», de las babuchas y las chilabas, del aroma a dátiles y especias, de los pregoneros de mercancías y los charlatanes, de la piel curtida y las alfombras bereberes, de la plata y la madera de tuya y de miles de sorpresas más seguirá estando en el zoco de toda la vida. Ese que no morirá con los centros comerciales.