Zapatero, nuclear si hace falta

Peor que no tener criterio es no tener principios y convertir la estancia en el poder en una mera lucha por la supervivencia diaria

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PUEDE llegar a ser un sarcasmo que sea precisamente Rodríguez Zapatero quien replique a Mariano Rajoy con aquello de que es mejor cambiar de criterio que no tener criterio. Ahora bien, lo que el presidente del Gobierno ha hecho con la enmienda a la ley de Economía Sostenible para incumplir todos sus compromisos electorales sobre energía nuclear es mucho más grave que cambiar de criterio y mucho peor que no tenerlo. Significa la ausencia absoluta de una mínima consideración hacia su trayectoria y relato político personal. Es evidente que las circunstancias mandan en cada momento y que la crisis económica ha obligado a Zapatero a desmantelar buena parte de su andamiaje de izquierdismo rancio para aplicar, de forma incompleta, tardía y sin convicción, algunas reformas que no hace mucho demonizaba como degradaciones antisociales del neoliberalismo. Pero en la cuestión de la energía nuclear, Zapatero ha dado un giro traumático definitivo para su credencial progresista al respaldar el funcionamiento indefinido de las centrales nucleares en España. Con el cierre de Garoña, previsto para 2013, el Gobierno quiso sacar músculo ante su electorado y no vale hoy la excusa de que cuando tomó esta decisión la crisis aún no se había mostrado tan grave como en la actualidad. Era julio de 2009 y la coartada era que Garoña había agotado su vida útil.

Ahora resulta que no hay tanto problema con la vida útil de las centrales nucleares —prevista inicialmente en 40 años— y que el mercado energético en España no está para desestabilizar una fuente de producción rentable y segura. Y lo que es más evidente aún: Zapatero no está en condiciones de negar nada a nacionalistas vascos y catalanes, que son los que, junto con el PP, han apoyado la enmienda a la ley de Economía Sostenible. Peor que no tener criterio es no tener principios y convertir la estancia en el poder en una mera lucha por la supervivencia diaria, que es en lo que está absorbido el Gobierno. De aquí al final de la legislatura solo queda la incógnita de cuántas rectificaciones o desistimientos más va a protagonizar Zapatero y, sobre todo, qué coartadas habrán de presentar sus portavoces para hacer pasar lo blanco por negro, como lo han intentado con esta renuncia incuestionable a la bandera antinuclear protagonizada por Zapatero, quien se calificó a sí mismo en 2005, ante representantes ecologistas, como «el más antinuclear del Gobierno». Hasta esta semana.