ETA se repite

La banda lanza un nuevo señuelo en su intento de dividir a los demócratas y escribir su propio final, pero su oferta resulta inaceptable. No es la hora de la paz, sino de la justicia

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LA reacción política, prácticamente unánime, contra el comunicado que ayer publicó ETA debería ser suficiente para zanjar cualquier hipótesis sobre esta nueva parodia de tregua que ofrecen los verdugos a sus víctimas. Para entender lo que ETA pretende con este enésimo alto el fuego que proclama hay que refrescar lo que la banda ha dicho de sus treguas. En una entrevista al diario «Gara» en mayo de 2003, los terroristas afirmaban que «la tregua es un recurso político y militar que ETA podrá activar como elemento impulsor de un proceso». En febrero de 2006, dos meses antes de que anunciara la tregua que negoció con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, ETA valoró positivamente el alto fuego limitado a Cataluña porque tenía como objetivo «agudizar la crisis estructural que vive el Estado español». ETA lanza ahora un nuevo señuelo para intentar dividir a los demócratas y lograr escribir su propio final a su voluntad. Por esto mismo, la oferta de negociación que proponen los terroristas es inaceptable, y el presidente del Gobierno debe rechazarla con la máxima sencillez y claridad.

Además, ETA no parece creer siquiera lo que ha escrito: su comunicado es parco, sin la clásica argumentación sectaria que caracterizaba a la banda, quizá por falta de convicción o simple maquillaje para colar a la izquierda abertzale en las elecciones forales y municipales vascas del próximo mayo, y, sobre todo, resulta repetitivo en los mismos tópicos de siempre. El problema es que desde 2005 a 2007 esos tópicos sentaron al Gobierno de España en una negociación indigna que nunca más debe repetirse. ETA ofrece un trueque de paz por política, pero a sus miembros les ha llegado la hora no de la paz, sino de la justicia. Insisten los terroristas en plantear la territorialidad, es decir, la inclusión de Navarra en el guión de las negociaciones. La autodeterminación es el precio por no matar más, eso sí, siempre que la consulta a los vascos se haga en condiciones negociadas por los terroristas con el Estado, lo que quiere decir que serán ellos quienes decidan quiénes votan y qué se vota.

Solo hay una novedad, risible en boca de ETA, que es la verificación internacional de su tregua. Ni siquiera se compromete a ella y solo dice que el alto el fuego «puede ser verificado». Bastaría recordar, para no atender este gesto falsario, cómo el IRA burló cuanto quiso a la comisión internacional que debía controlar sus arsenales. No y tantas veces no como sean precisas es lo que debe oír ETA del Gobierno a su nuevo engaño. ETA no tiene derecho a decidir cómo termina su historia. Son la justicia, las víctimas y la dignidad nacional lo único que cuenta frente a los terroristas.