Rajoy, las claves del futuro

Con toda razón, Rajoy prefiere un Ejecutivo y una oposición fuertes antes que un Parlamento fragmentado o una gran coalición

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HOY publica ABC la segunda parte de la macroentrevista con Mariano Rajoy. El líder del PP confirma una vez más esa claridad de ideas y de estrategias que le permitirá afrontar una etapa muy compleja. El centro derecha debe desechar cualquier triunfalismo y plantear una oferta atractiva e ilusionante, pero también realista, para una sociedad que ha demostrado en las urnas una voluntad de cambio ya imparable. Aunque sea contradictorio, sus adversarios acusan a Rajoy bien de carecer de alternativa económica, bien de ocultar una agenda «perversa» a base de recortes sociales. Frente a ello, el candidato popular recuerda hoy cuáles son sus prioridades, centrándose en la estabilidad presupuestaria y la reforma laboral, al tiempo que anuncia una novedosa ley de emprendedores. Se trata, sobre todo, de crear empleo como única fórmula para sostener el sistema de bienestar, incluidas las pensiones y las prestaciones sanitarias. Recortar los gastos superfluos es, sin duda, una muy buena receta, cuya aplicación dará la medida de un liderazgo imprescindible en la actual coyuntura.

Nadie podrá discutir al presidente del PP la firmeza de sus convicciones en materia de cohesión territorial. En efecto, es imprescindible distinguir entre las grandes cuestiones de Estado, que requieren el acuerdo leal de los dos partidos mayoritarios, y la posibilidad de pactos transparentes con otras formaciones políticas sobre materias de alcance coyuntural. Lo esencial es, sin lugar a dudas, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, así como respetar una división de poderes sin la cual la democracia se desvirtúa. Rajoy prefiere con toda razón un Ejecutivo y una oposición fuertes antes que un Parlamento fragmentado o una gran coalición, propia únicamente de situaciones excepcionales. Son planteamientos propios de un líder político que sabe conjugar los principios con las estrategias al servicio de un cambio político imprescindible. A diferencia de las convulsiones internas en el partido socialista, los populares afrontan esta etapa con un liderazgo indiscutido que pretende imponer el sentido común sobre los dogmatismos y las ocurrencias que no conducen a ninguna parte.