Libia-ONU, se repite la historia

Naciones Unidas incurre una vez más en una parálisis dubitativa y en una inacción temerosa, bajo la coartada de la «legalidad internacional»

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LA historia se repite con Libia. La indecisión de la comunidad internacional sobre este país norteafricano corre paralela a la represión brutal del coronel Gadafi contra los rebeldes y la población civil mediante bombardeos aéreos que no encuentran resistencia. Puesto a prueba el entramado de instituciones internacionales, el resultado vuelve a ser la parálisis dubitativa, la inacción temerosa y la coartada de la «legalidad internacional». Son los mismos errores que impidieron llegar a tiempo de evitar los crímenes de guerra en Kosovo, hasta que la OTAN bombardeó Serbia y consiguió frenar el genocidio. Pero Naciones Unidas vuelve a estar recluida en el círculo cerrado del derecho de veto que ejerce la pentarquía surgida de la victoria aliada de la II Guerra Mundial. A estas alturas resulta pueril seguir creyendo que la ONU es el depositario único y excluyente de la legalidad internacional, cuando se trata de un órgano político sometido al veto de las cinco grandes potencias, que estas ejercen por motivos de interés político o económico.

China y Rusia no están dispuestas a autorizar una intervención militar en Libia que establezca zonas de exclusión aérea sobre los territorios controlados por los rebeldes. Sus razones para tal veto no son de legalidad internacional. La OTAN bombardeó Serbia porque Rusia iba a vetar la intervención en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y si ahora los países occidentales y la propia OTAN esperan una resolución favorable de este organismo es porque anteponen el prejuicio de la opinión pública surgido tras la intervención en Irak a las razones de legalidad humanitaria e intereses generales que justificarían sobradamente una acción multilateral al margen de la ONU. No es admisible que se cuestione la legitimidad de la OTAN, integrada solo por democracias, y que se acepte sin rechistar que la ONU ejerza su pretendido monopolio sobre la legalidad internacional con votos de dictadores y genocidas; no en vano, Gadafi llegó a presidir la Comisión de DerechosHumanos de la ONU. La evolución de la comunidad internacional no será completa en tanto no se revisen los fundamentos de la ONU, anclados —para contradicción de quienes la han mitificado como encarnación del multilateralismo pacífico— en las condiciones impuestas por los vencedores de una Guerra Mundial al resto del planeta. Entre tanto, Gadafi sigue matando a sus anchas y recuperando territorio.