Ideas (reales) para salir de la crisis

Es lamentable que algunos dirigentes lancen guiños de complicidad a los ocupantes de Sol,pero no escuchen estas rigurosas propuestas

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ALGO se mueve en la sociedad española, sin necesidad de ocupar al margen de la ley los espacios públicos ni de permitir que se aprovechen los pescadores en río revuelto. En los últimos meses, diversas asociaciones y fundaciones han sacado a la luz informes y documentos que merecen una seria reflexión porque plantean la necesidad de un nuevo impulso social y político. Hoy reúne ABC a los representantes de la Fundación Everis, el Foro de la Sociedad Civil, el Colegio Libre de Eméritos y la Fundación Ortega, que suman sus reflexiones a los debates que nuestro periódico viene realizando con una llamada a la «regeneración» de España. Reformar la nación, conseguir pactos de Estado duraderos y estables, luchar contra la corrupción o recuperar una genuina división de poderes son objetivos que comparte cualquier ciudadano sensato, preocupado ante la deriva partitocrática de ciertas instituciones y ante el desafío permanente hacia la vertebración territorial. La preocupación por la reforma del sistema educativo es también un clamor social, porque la sociedad del conocimiento pasará una factura muy alta a los países que se queden rezagados en este decisivo terreno. En fin, la crisis económica acelera las demandas de austeridad en el gasto público, innovación y competitividad que resultan imprescindibles para atisbar esa luz al final del túnel que el Ejecutivo siempre anuncia, pero que nunca aparece.

Otras demandas, como una eventual reforma de la ley electoral y la exigencia de apertura de los partidos, coinciden en apariencia con las demandas —confusas y a veces incoherentes— que plantean los «indignados». No obstante, es imprescindible distinguir entre las propuestas rigurosas y bien fundadas y los eslóganes sin contenido. Por otra parte, estas prestigiosas entidades —que expresan sus puntos de vista con moderación, pero con firmeza— coinciden en denunciar la actual crisis de valores, ya que es urgente recuperar el sentido de la responsabilidad, la cultura del mérito y el reconocimiento de la excelencia. Resulta lamentable que algunos dirigentes políticos lancen guiños de complicidad a los ocupantes de Sol y de otras plazas españolas, pero no quieran escuchar estas rigurosas propuestas de regeneración.