Guerra interna en el PSOE

Si al PSOE le falla Andalucía, es que su crisis es mucho más profunda y grave de lo que desearían sus estrategas electorales

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EL PSOE andaluz está demostrando que un partido político, cuando se acerca a un fin de ciclo, se convierte en un campo de batalla donde se ajustan cuentas. Tanto tiempo en el poder, y después de haberlo ejercido tan arbitrariamente, ha hecho que el socialismo andaluz sea hoy un ejemplo de decadencia política, acompañada de corrupción, abuso de poder y nepotismo. Las encuestas han reflejado las consecuencias de esta forma de gobernar, dando al PP expectativas reales de ganar en unas elecciones autonómicas y de alcanzar las alcaldías de las capitales en los próximos comicios municipales. Elecciones autonómicas que también en Andalucía son urgentes, porque la crisis del socialismo es cada día más evidente. El presidente andaluz, José Antonio Griñán, no cuenta con la lealtad de su partido, dividido entre los que lo apoyan y los seguidores de Chaves, dedicado en exclusiva a enfrentarse a su pasado político.

No es causalidad que el PSOE se tope repentinamente con diversos conflictos internos. El temor a perder el poder refuerza la unidad o la hace saltar por los aires. Los socialistas apuntan a esta segunda opción. En un mismo día —el domingo siguiente al anuncio de Zapatero en el Comité Federal— los militantes socialistas saludaban al grito de «presidente» a tres de sus dirigentes, desoyendo la recomendación de hablar solo de las elecciones locales y municipales. Y al día siguiente, el Gobierno autonómico andaluz sufría su cuarta crisis en dos años con la dimisión de su consejero de Gobernación y Justicia, Luis Pizarro. Si al PSOE le falla Andalucía, es que su crisis es mucho más profunda y grave de lo que desearían sus estrategas electorales. El desplome del régimen socialista provocó la salida de Chaves y se acelera bajo el mandato de José Antonio Griñán, haciendo más acusada la tensión entre ambos. Los negocios de familia y los fraudes con dinero público van a ser la etiqueta que quede al socialismo andaluz en su paso por el gobierno de Andalucía. Pero el problema es para el PSOE en su conjunto, porque el electorado andaluz ha sido, junto con el catalán, decisivo para sus últimas victorias electorales. En Cataluña ya se vio qué consecuencias tuvo el experimento del tripartito social-nacionalista. Y aunque no sean situaciones homogéneas, sí comparten algo fundamental: la pérdida de miedo del elector socialista a una derrota del PSOE.