Fracturas socialistas

El socialismo ya no está orquestado para una victoria nacional. La prioridad es salvar los muebles en alguna Comunidad o Ayuntamiento

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LA victoria de Jordi Hereu frente a Montserrat Tura en las primarias celebradas en el Partido de los Socialistas de Cataluña para la candidatura a la alcaldía de Barcelona tiene una significación que trasciende el ámbito catalán, porque reitera los síntomas de crisis interna que ya han aflorado en otros ámbitos del socialismo español. Como sucediera en las primarias madrileñas, que causaron a Zapatero y a la dirección nacional del PSOE una derrota cuyas consecuencias están impresas en la imagen derrotista que transmite este partido, Montserrat Tura representa el fracaso del aparato del PSC frente a la militancia y la emancipación de las bases ante el chantaje de las encuestas que otorgan al candidato de Convergencia i Unió una clara victoria frente a Hereu. Algo pasa en un partido cuando dos plazas electorales de tanta importancia —la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Barcelona— escapan al control de sus direcciones. Y lo que pasa es que el socialismo se siente a sí mismo a las puertas de una derrota electoral que provocará una crisis ideológica y organizativa, fruto de dos mandatos en los que ha desnaturalizado su condición de partido de izquierdas, mutándose, en el caso del PSC, en una formación nacionalista y soberanista; o en un factor de disgregación del interés nacional, que es lo que ha supuesto el gobierno de Zapatero.

La cuestión de fondo en la crisis Gómez-Jiménez o Hereu-Tura no es solo de táctica electoral, sino de quiebra interna de un partido al que la crisis económica, pero también sus fallidos proyectos principales en estos últimos años, ha pasado factura en forma de desorientación y confusión. Y antes que amainar, tenderán a hacerse más evidentes porque será difícil creer en la sinceridad de Montilla si pide el voto para Hereu, después de que haya hecho todo lo posible por evitar su candidatura. Lo mismo les pasará a Zapatero o cualquiera de sus más cercanos colaboradores si ahora apoyan a Tomás Gómez frente a Esperanza Aguirre. Ante la expectativa de una derrota, las bases socialistas han perdido el respeto por sus dirigentes y optan por imponer sus criterios más localistas. El socialismo ya no está orquestado para una victoria nacional. La prioridad de sus agrupaciones y federaciones empieza a no ir más allá de salvar los muebles en cada ayuntamiento, diputación o, en el más ambicioso de los supuestos, comunidad autónoma. Los socialistas han vuelto a demostrar que sufren una crisis de confianza en sus liderazgos, resumida en la desconfianza creciente en la capacidad de Zapatero para repetir victoria en 2012.