Cuesta abajo en enero

El repunte de la inflación, derivado del afán recaudatorio del Gobierno, reduce el poder adquisitivo y acentúa la crisis doméstica

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EL incremento en siete décimas de la tasa de inflación armonizada, realizada a partir de los mismos parámetros que en el resto de la eurozona, sitúa el IPC de 2010 en el 2,9 por ciento, el más elevado desde octubre de 2008. Aunque las cifras tendrán que ser confirmadas por el Instituto Nacional de Estadística a mediados de enero, la inflación con que terminó el pasado ejercicio revela el fuerte impacto de la política recaudatoria impulsada por el Gobierno socialista a través de impuestos especiales como los aplicados al tabaco. Lejos de resultar negativa, la subida de los precios en un escenario de crisis como el que padecemos tiene la virtud de reflejar la actividad económica del consumidor, ligada a su nivel de confianza e imprescindible para relanzar la economía, pero, desafortunadamente, en este caso no es la sociedad la responsable de que se incrementen los precios a través de su participación activa en el mercado, sino el Ejecutivo, lo que invierte los términos de una ecuación perversa y dañina. No es el consumidor el que anima el mercado y dispara los precios, sino el Gobierno, con el agravante de restar poder adquisitivo a los más desfavorecidos, ahora golpeados por una inflación derivada de la pésima gestión política de la crisis.

Si los datos del pasado diciembre documentan el alcance y los lesivos efectos de la política impulsada por el equipo de Rodríguez Zapatero, el mes de enero, pese a registrar el tirón de las rebajas, va a determinar el comienzo de un nuevo periodo marcado por el repliegue del gasto. Los incrementos del recibo de la luz, del gas o de los transportes van a dejar huella en un IPC que, lejos de servir de termómetro de la recuperación, como sería lógico, dibuja de forma nítida la perniciosa acción de un Gobierno que en muy pocos meses y de espaldas a la crisis ha pasado de despilfarrar fondos a aumentar la presión fiscal sobre los contribuyentes. El progresivo alza del euribor, favorecido por la recuperación que ya disfrutan las economías más prósperas de la UE, reduce aún más las perspectivas de gasto de un consumidor para el que la cuesta de enero va a servir para visualizar el verdadero paisaje económico compuesto por la política de Rodríguez Zapatero y para mostrar con nitidez el definitivo agotamiento de una gestión marcada por la tardanza, la contradicción y la falta de criterio.