Zidane, Raúl... fútbol de autor

Por Enrique ORTEGO
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Fútbol de autor. El futuro.

- ¿Dónde vas?

- Al Bernabéu. Juega Zidane... Y Raúl. También Figo. Y Roberto Carlos. Incluso ese Gary Cooper de su propia área que responde al nombre de Fernando Hierro.

Como quien va al cine porque «sale» Robert Redford. O a determinada película de Hitchcock. O quien reserva entradas para la Ópera con seis meses de antelación con el sueño de no perderse a Plácido Domingo, Carreras y Pavarotti.

Esa imaginaria conversación cada día se antoja más real. ¿Por qué no? Y no se limita al Bernabéu, aunque ahora se haya convertido en el Liceo balompédico por excelencia. Se puede escuchar y se ha escuchado en Barcelona. ¿Quién no va al Camp Nou a ver a Rivaldo o a Kluivert, incluso a ese conejito llamado Saviola? No les sacrifiquemos antes de tiempo. Es imposible que se les haya olvidado jugar.

Y la misma situación se puede vivir en La Coruña con Tristán o Valerón. ¿O nos hemos olvidado de los partidos contra el Manchester? ¿Y de Djalminha? ¿Ya no nos acordamos de las maravillas que ha hecho en nuestra Liga este brasileño loco? La evidencia demuestra que en los últimos tiempos el fútbol es cada día más de los futbolistas y cuando estos alcanzan tal nivel de perfeccionamiento, uno va al estadio por ellos.

Sin olvidarnos, por supuesto, de que el futbolero por excelencia siempre quiere ver ganar a su equipo por encima de cualquier otra contingencia, cada vez son más los que, además del triunfo, quieren disfrutar de sus protagonistas. De sus «caños». De sus «sombreros». De sus fintas. Sus regates. Sus pases milimétricos.

Los llenos que el Bernabéu registra jornada tras jornada lo confirman. Todos quieren ver a Zidane. A Raúl. Hoy por hoy los dos que marcan la diferencia. Puede tener razón Florentino Pérez. Inversiones como la de Zinedine Zidane a la larga pueden terminar por ser rentables. Sobre todo ahora que los 13.000 millones de pesetas se traducen a tan sólo 78 millones y pico de euros, y sobre todo ahora que el francés ha sacado el compás para dibujar cada noche su pirueta más inverosímil.