Zapatero desilusiona

Además del paro, las hipotecas y los nubarrones económicos, hay otros motivos de

POR JUAN PEDRO QUIÑONERO
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Además del paro, las hipotecas y los nubarrones económicos, hay otros motivos de incertidumbre y desencanto.

En Viena, Die Presse titula: «España, entre mentiras, fullerías y angustia ante los extranjeros». El Independent londinense agrega: «Zapatero, que suscitó mucho entusiasmo, ha dejado sin cumplir muchas expectativas». Y añade: «Muchos analistas piensan que ha desaparecido el centro político, favoreciendo el enfrentamiento de las dos Españas. Gane quien gane, tendrá que buscar aliados».

Llama la atención que dos partidos que cuentan con el apoyo de más del 80 por ciento de los electores sean incapaces de aliarse para gobernar a gusto de la inmensa mayoría, rompiendo con la «tiranía» de unas minorías previsiblemente más minoritarias. Frankfurter Allgemeine Zeitung titula: «Monólogo a dos». Handelsblatt publica en Dusseldorf un largo reportaje sobre la situación política en Cataluña, comunidad autónoma donde prevalece una fragmentación de los distintos votos locales, regionales y nacionales.

Fragmentado el tejido social, la meteorología económica insiste en sus oscuras previsiones: «El crecimiento del paro, el hundimiento de los precios inmobiliarios y una economía estancada amenazan al Gobierno en la recta final», dice el Times. Financial Times estima que las perspectivas más negras quizá sean las de Andalucía, subrayando, una vez más, que la crisis económica nacional corre el riesgo de empeorar en varios frentes.

Liberation publica un suplemento especial de 28 páginas titulado «¡Viva España!», con un manifiesto de Fernando Savater, un artículo sobre Juan Luis Cebrián y una treintena de artículos que oscilan entre lo sensato y lo peregrino. Algunos titulares del cuadernillo: «Dos Españas en la arena (...) El paro y la inflación, al alza (...) Las Vegas gay en el corazón de Castilla (...) Granada y el botellón (...) En Barcelona, la subida de los alquileres no facilita la vida de los treintañeros (...) Un Estado a la carta, debatiéndose entre los nacionalismos».