Zapatero se consuela con el CIS

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LOS resultados de la encuesta publicada ayer por el Centro de Investigaciones Sociológicas son, como mínimo, extraños, visto el contexto económico y social en el que fue elaborada, durante el mes de abril, en plena ebullición del dato del paro de marzo, que superaba ya los 4.000.000 de desempleados. Son extraños porque, así como hay sondeos que coinciden con el ambiente que se percibe en la calle, este sondeo refleja unas expectativas electorales poco coherentes con la realidad de la crisis y del desgaste del Gobierno. Además, el sesgo de los encuestados muestra un desequilibrio absoluto a favor del PSOE respecto de los votantes que participaron en las elecciones generales de 2008, porque sólo el 26 por ciento declara haber votado al PP, cuando en realidad lo hizo más del 40 por ciento. Esta selección de los encuestados vicia de origen el resultado final del estudio.

Según el CIS, el PSOE recibe un voto estimado del 40,8 por ciento, es decir, un punto porcentual más que en enero de este año; y el PP, el 40 por ciento, medio punto porcentual más que hace cuatro meses. Técnicamente es un empate, pero políticamente es un respiro para los socialistas, oportunamente situado a una semana del debate sobre el Estado de la Nación y a un mes de las elecciones europeas. El PP sigue mejorando sus expectativas y, por primera vez desde la encuesta de enero de 2004, el CIS le concede el 40 por ciento de voto estimado. Pero el dato principal y más dudoso del sondeo es que aún sigue estando por detrás del PSOE, pese a que la opinión de los ciudadanos sobre la situación económica es absolutamente negativa y pesimista. El 71,3 por ciento considera que es mala o muy mala; el 67,8 cree que ha empeorado en el último año, y sólo un 20,8 cree que mejorará en los próximos doce meses. Además, la gestión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sólo es apoyada por el 15,9 por ciento. Parece inverosímil que con estos datos -y sin una ponderación fiable de la abstención- los socialistas aún estén por delante, como también lo parece que apenas se refleje en la encuesta el éxito electoral del Partido Popular en Galicia, o el acierto general de los populares en sus críticas al Gobierno y el esfuerzo de Mariano Rajoy en ofrecer una oposición constructiva, generalmente desdeñada por Rodríguez Zapatero.

En todo caso, parece evidente que en España se ha consolidado un fuerte bipartidismo, pero que no permite a ninguno de los grandes partidos albergar esperanzas de mayorías absolutas, porque sus suelos electorales son muy altos y parejos, lo que los abocará a políticas de pactos con partidos minoritarios. La otra lección de esta encuesta es que el PP sigue teniendo que hacer un esfuerzo de pedagogía y comunicación con los ciudadanos. Quizás haga bien el PP en recordar que una mayor dosis de continuidad y firmeza en sus mensajes a la sociedad gallega fue decisiva para que Alberto Núñez Feijóo ganara por mayoría absoluta. La crisis económica protagoniza el desánimo de la opinión pública, pero no es el único problema, algo que el PP debería considerar a la hora de dirigirse a unos ciudadanos que también se preocupan por la educación, la seguridad ciudadana, la inmigración o la falta de austeridad.