Mus y órdago a la grande

Pedro y Pablo, firmantes de aquellos presupuestos sociales y otoñales en los que Podemos estampó su logotipo apuran las horas que restan hasta el debate de investidura en una competición de hipocresía

Jesús Lillo
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Entre trileros anda un juego cuyas partidas de desarrollan a través de órdagos y faroles. No hay septiembre que valga. No hay mus. Si ayer fue Sánchez el que quiso barajar sin la carta marcada y morada de Iglesias, caballo de bastos, hoy es el líder del Podemos el que acepta el envite, se quita de en medio y, a cambio, sube la apuesta. Cinco más. Se ven. Si es Pablo Iglesias el problema, como insinúa Sánchez, que algo de razón lleva, el secretario general de Podemos se sacrifica de boquilla a cambio de aplicar una proporcionalidad al próximo gobierno que metería no ya el caballo de Troya en La Moncloa, sino a toda la cuadra Rosales, vestida de morado

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