El Rey y las manos del presidente

Desde Mao no se recordaba semejante metáfora del «gran timonel»

Álvaro Martínez
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Con Mariano Rajoy en el registro de Santa Pola, la banda del lazo amarillo ha centrado sus fobias y su ira contra el Rey, sabedores de que el «Gobierno bonito» ha optado por relajar tanto la respuesta del Estado al nuevo golpe que preparan -confirmado por Torra- que todo serán apelaciones monclovitas a la distensión y a ese diálogo de sordos por el que clama el «sector comprensivo», que se alza como la respuesta más ingenua y tontorrona que imaginarse pueda ante un reto tan trascendental como es la unidad de España. Tras el agresivo ataque a Don Felipe por parte de Torra, se pudo comprobar el tono insólitamente bajo (formato collejita de capellán a monaguillo díscolo) con el que el Ejecutivo de Sánchez contestó a la montuna andanada contra el Rey previa a su visita a Tarragona

Antes del cambio de Gobierno, Don Felipe compartía el papel de diana de los reproches del separatismo con Rajoy. Les iba en el cargo y seguramente asumían con naturalidad esa tormenta de denuestos, porque venía de la mano con la obligación que asumieron en el juramento que efectuaron ante un ejemplar de la Constitución. «Guardar y hacer guardar la Constitución»... esa que la banda del lazo pretende liquidar.

También lo prometió Sánchez en La Zarzuela, pero a lo mejor no atendió demasiado a lo que significaba aquello y estaba pensando más en lo del crucifijo y la Biblia, en lo laico que era por fin todo, en el gabinete de diseño (modelo «posado en el Falcon») y en no molestar demasiado a la banda del lazo, esa que ha vuelto a abrir sus «embajadas» separatistas ante el tancredismo de Borrell. Aquel otrora azote «antiindepe» que tanto lucía en las manifestaciones de Barcelona hoy, ya de ministro, es un cartujo que calla.

Ayer, La Moncloa difundió un reportaje de las manos de Sánchez (parece una broma, pero no) bajo el lema «la manos del presidente marcan la determinación de su Gobierno». Como lo leen, así de chavista, así de espeluznante. Desde Mao no se recordaba semejante metáfora del «gran timonel». España en «buenas manos», nos viene a decir Iván Redondo, aquel que vistió a Monago de bombero en una campaña y ahora innova con la quiro-propaganda.

Pero no, en buenas manos está España con el Rey, que si bien es cierto que se defiende bien solo no estaría de más que el presidente del Gobierno le echase una mano en la tarea.

Álvaro MartínezÁlvaro MartínezRedactor jefeÁlvaro Martínez