Y ahora, ¿quién mete a esa gente en casa?

Protesta de pensionistas

Álvaro Martínez
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El problema de sacar a la gente a la calle a protestar cuando se está en la oposición, es que luego hay que meterla en su casa cuando se está en el Gobierno. Y esa es la difícil tarea que se le plantea al autodenominado «Gobierno bonito» y a sus simpatiquísimos socios parlamentarios, que prometieron a los jubilados una subida de las pensiones que es difícil que se cumpla simplemente porque no se puede perpetuar un sistema si no hay dinero que lo sostenga. Ayer, centenares de pensionistas volvieron a rodear el Congreso para protestar por el retraso que lleva el Pacto de Toledo en alcanzar un acuerdo para hacer el modelo sostenible, ese neologismo preferido de los feligreses de lo políticamente correcto que vale para un roto y un descosido. Hubo tensión con la Policía que comanda el ministro Grande-Marlaska tras el amago de los aguerridos manifestantes de sobrepasar el cordón de seguridad que garantiza el cumplimiento de la ley que impide manifestarse en las Cortes cuando éstas están reunidas. Lo cierto es que no eran demasiados, pero allí acudió la flor y nata del populismo parlamentario (con Pablo Iglesias a la cabeza) a arropar a los manifestantes, como si el perverso Mariano estuviera aún en La Moncloa y olvidándose que, como dijo el líder podemita, Podemos «co-gobierna» con Sánchez.

Carlos Solchaga, exministro socialista, dejó anteayer bien claro el peligroso juego de la demagogia de la izquierda con las pensiones. Lo cotizado por un trabajador en su vida laboral no costea ni la mitad de lo que recibe cuando se jubila, apenas alcanza, como media, a doce años de pensión. El sistema español es, según Solchaga, de los más generosos de Europa respecto a lo cotizado. Que las pensiones deben ser más dignas y subir cuanto se pueda, sin duda. Pero con los cotizantes actuales es imposible adecuarlas al IPC, como se ha propuesto la izquierda. El País Vasco, donde las pensiones son más altas, cuenta en la actualidad con 1,89 trabajadores por cada jubilado, un porcentaje aún inferior al ya insuficiente 2,17 que se registra de media en el conjunto nacional. Más datos, en España hay menos cotizantes que hace diez años, mientras en ese tiempo han crecido un 14,5 por ciento los pensionistas. O se abandona la demagogia o va a ser muy difícil meter a esa gente en su casa. Esta es la tesis... [uy, perdón].

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