El voto útil españolista

El voto útil es el que permita un Gobierno constitucionalista que no tenga miedo a llamarse españolista

Edurne Uriarte
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La corrección política aconsejaría titular este artículo «el voto útil constitucionalista», pues incomodaría bastante menos a ese conjunto de líderes catalanes que defienden la españolidad de Cataluña, pero prefieren hacerlo sin provocar a los nacionalistas. Por eso el éxito de ese acomplejado concepto de constitucionalista, parecido a aquello del patriotismo constitucional para evitar los nervios con la palabra España. Incluso después de la revolución españolista de las últimas semanas, con ese despliegue de banderas nacionales por las calles de Cataluña, la ocultación de España sigue siendo un rasgo fundamental de la política catalana. Aunque sea la españolidad el núcleo del debate y de estas elecciones.

De ahí mis dudas sobre el voto útil para estas elecciones y para la normalización de la españolidad de Cataluña. Y no me refiero a la ley D’Hont y a sus consecuencias, como ese último escaño de Tarragona, Lérida y Gerona que, según los cálculos del PP, se juega entre ellos y los independentistas. Tampoco a la indudable importancia de que sea Ciudadanos quien gane las elecciones aunque no pueda gobernar, por sus efectos disolventes sobre la falsa identificación de nacionalismo y Cataluña.

Me refiero a la normalización de España en Cataluña. Al fin de los miedos y de los complejos para utilizar la palabra España y para hablar sin cortapisas de los sentimientos de españolidad. Lo que expresaba Dante Pérez, el alcalde socialista de un pueblo de Lérida que se ha ido al PP porque «él habla de España sin complejos», y estaba harto, dijo en una entrevista hace unos días, de «ir con el freno al hablar de España», o de que el PSC se refiera siempre al catalanismo pero no al españolismo o de que utilice la senyera en los mítines pero no la bandera española. Justamente los mismo que les ha pasado a algunos de los llamados constitucionalistas en el País Vasco, que tienen miedo a provocar con España.

Un Gobierno liderado por Ciudadanos constituiría un cambio fundamental para combatir esa anomalía, pero sin olvidar que tal posibilidad se debe a la adaptación de Ciudadanos a esa anomalía. O que Ciudadanos ha escalado al liderazgo del españolismo porque ha logrado quitarse de encima algo del estigma español. Justamente el que castiga electoral y socialmente al PP. Y no sólo porque Cs sea un partido catalán como lo es Albert Rivera, su líder nacional. O porque nunca haya gobernado en el Gobierno central. También porque sus líderes han desarrollado un sutil manejo del lenguaje y de los símbolos para ser percibidos como más catalanes que los populares de Cataluña. No se trata de la corrupción, ni siquiera de la identidad de derechas que asume el PP y rechaza Ciudadanos. No importa la derecha sino la derecha identificada con el españolismo más claro. Se trata de los mismos problemas que han impedido al PP liderar el españolismo en el País Vasco, menos en aquellas elecciones de 2001, cuando Jaime Mayor Oreja obtuvo el 23% de los votos, pero lo hizo por su liderazgo de la lucha antiterrorista. Y son los mismos factores que le han dado, a cambio, el liderazgo a los socialistas, y ahora, en Cataluña, a Ciudadanos.

Albert Rivera le dijo a Antonio Jiménez hace unos días en Trece TV que «los no nacionalistas tenemos que ser más generosos, no debemos imponer símbolos, debemos poner encima de la mesa lo que nos une». Pero los no nacionalistas tienen una asignatura pendiente previa que es usar esos símbolos, incluido el derecho a ganar las elecciones llamándose a sí mismos españolistas.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte