El voto de los expulsados

EDURNE URIARTE
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Hay una contradicción escandalosa en el sistema electoral español. Pueden votar en las elecciones autonómicas los emigrantes, pero no pueden hacerlo los exiliados. Me refiero a los vascos, claro. Que son exiliados en todo el sentido del concepto, es decir, expulsados de un territorio. No de su patria, es cierto, puesto que siguen viviendo en España. Pero sí de una entidad política en la que ejercían el derecho al voto y en la que ya no pueden ejercerla porque han sido expulsados por el terrorismo y por el nacionalismo.

Los emigrantes gallegos podrían decidir incluso el color del próximo gobierno gallego que, es posible, dependa de un solo diputado. Los expulsados vascos, entre 160.000 y 200.000 en los últimos diez años, calcula el Foro de Ermua, no van a decidir nada en las elecciones vascas. Que es precisamente lo que ha pretendido ETA desde que existe. Y lo que ha pretendido el nacionalismo, el lado menos analizado de este impresionante exilio. Se ha tratado y se trata de que los no adeptos al nacionalismo abandonen el lugar y el control del territorio quede en manos nacionalistas para siempre. Lo que ETA ha hecho con el uso del terror y el nacionalismo mediante todo tipo de estrategias de presión, las tropelías con el euskera en el ámbito educativo y en el empleo público, por ejemplo.

Si los dos grandes partidos nacionales quieren, el cambio legislativo que posibilite este voto es muy sencillo. Y si de verdad se lo toman en serio y uno de ellos o ambos impulsan esta iniciativa del Foro de Ermua en el Congreso de Diputados, no veo argumentos de peso que puedan oponerse. Si los emigrantes «económicos», todos los españoles que viven en el extranjero, pueden votar en sus autonómicas correspondientes, ¿por qué no pueden hacerlo los exiliados políticos? En todo caso, deberían poder hacerlo aún con más motivos puesto que estamos discutiendo derechos políticos y causas políticas y no derechos económicos.

Otra cosa es que quiera hacerlo el PSOE. Hacerlo significa enfrentarse a los nacionalistas que se van a oponer furibundamente. Y no hacerlo, negar la realidad del exilio político vasco.