Luis Ventoso

Vodka para Vitaly

En vez de sermonearnos, vayan devolviendo Gibraltar, les dijo el ruso a los ingleses

Luis Ventoso
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No me considero precisamente un «cheerleader» del club de fans de Putin. Como europeo de a pie me inquietan sus peligrosas bravuconadas militares, con las que trata de encubrir a golpe de patrioterismo las carencias de la economía rusa, casi reducida al monocultivo de materias primas. En la Rusia actual sí procede hablar de « capitalismo de amiguetes», esa expresión tan grata a nuestros populacherismos neocomunistas. Allí sí se ha montado una «casta extractiva» (otro término que tomo prestado de mis admirados Pablo Manuel y Alberto Garzón). Las enormes reservas de petróleo y el gas se han repartido a dedo y desde arriba. Por lo demás, el concepto putiniano de democracia viene a ser tan difuso como el que tenía Maguregui, el rey del autobús, del fútbol de ataque.

Pero a pesar de que no logro captar las cualidades de Putin que glosan con brío otros autores más lúcidos y versados, he de reconocer que la he gozado con el viaje que le ha arreado el embajador ruso ante el Consejo de Seguridad de la ONU a su colega británico. Con esa buena educación de aire perdonavidas tan inglesa, con ese soniquete de soberbia propio de un imperio que hace un siglo que no existe, el diplomático Matthew Rycroft, un rubio de Oxford, comenzó a sermonear -con razón- a los rusos por su abusiva invasión de Crimea en 2014. Pero hete aquí que al embajador ruso, un tal Vitaly Churkin, un veteranazo bregado en la época soviética, se le inflaron las meninges y le contestó así: «En cuanto al representante del Reino Unido, me gustaría darle un consejo: devuelvan las Malvinas, devuelvan Gibraltar, devuelvan el archipiélago de Chagos en el Índico, que han convertido en una inmensa base militar. Entonces quizá su conciencia estará un poco más clara y podrán tener una opinión en otros temas».

Confieso que me entraron ganas de invitar al viejo Vitaly a un vodka. Sé que en ciertos sectores se considera carca, o «franquistoide», lamentar el agravio de Gibraltar, denunciado ya por la ONU en 1966 como un abuso colonial, porque el patriotismo más elemental está mal visto. Resulta más finolis silbar, o hacer el avestruz y hablar de sol a sol de Pablito y Errejón mientras los sediciosos catalanes están dando pasos gravísimos para destrozar España. Pero la verdad es que Gibraltar es una auténtica gamberrada de los ingleses a nuestra costa. Un paraíso fiscal incrustado en el litoral de otra nación europea, de la que además han sido socios durante décadas. ¿Tolerarían los ingleses con la plácida mansedumbre del buenismo hispano que su enclave costero de Brighton fuese una colonia española, dedicada además al lavado de dinero, el juego, la evasión fiscal y el contrabando? El pueblo inglés, que con el Brexit acaba de propinar una bofetada a la UE en nombre de la soberanía nacional, ¿aceptaría tener un absceso de corrupción en su suelo para lucro de un país extranjero? Me temo que no.

El Brexit, tras el que Gibraltar ya no será territorio de la UE, se presenta como la ocasión para que España finiquite una de las mayores cloacas fiscales y financieras de Europa. Porque, ladies and gentlemen, si tan finos y ejemplares somos, seámoslo de verdad. Sin piratadas.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso