Cal viva o apagada

Iglesias desafía a Sánchez

Jesús Lillo
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Si Pedro Sánchez fue ayer capaz de estar dos horas seguidas hablando de Cataluña sin citarla -eso replicó a Pablo Casado-, también pudo dedicar el mismo tiempo a hablar de Podemos sin nombrarlo, que es lo que hizo. «¿Lo oyen? Es el silencio», que diría Albert Rivera, ventilado, señalando al aparato del aire acondicionado.

No tenemos en España experiencia alguna en coaliciones de Gobierno, pero sí en unos matrimonios de interés donde al menos se guardan las formas durante la ceremonia, por civil que sea. Debate de investidura, pedida de mano o cencerrada, lo de ayer en el Congreso fue la escenificación de un desprecio mutuo y un despecho cruzado. La amplitud del repertorio de mohínes con que Iglesias saludó

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