Tiempo recobrado

Mi viejo maestro

Con esfuerzo y tenacidad, un docente puede lograr milagros

Pedro García Cuartango
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Fui a la escuela al cumplir los seis años. Era el más pequeño de una clase de 38 alumnos en las que había adolescentes de 14 años que yo veía con una mezcla de admiración y timidez. La clase estaba ubicada en un edificio de ladrillo adyacente a la parroquia de San Nicolás de Miranda de Ebro, de cuya iniciativa había partido la creación de esa escuela, cuyos estudiantes éramos además monaguillos. Era obligatoria la asistencia a misa todos los días a las nueve y, por la tarde, rezábamos el rosario. Todo en latín. Al comenzar la jornada, entonábamos una canción falangista llamada «Montañas nevadas», cuyos ecos resuenan en mi memoria.

Eso sucedía a principios de la década de los

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