«Vida» artificial

No contentos con destrozar la hermosura de la costa, o la otrora limpia línea

POR MÓNICA FERNÁNDEZ-ACEYTUNO
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No contentos con destrozar la hermosura de la costa, o la otrora limpia línea del horizonte, vamos a dejar ahora nuestra huella humana en ese hasta ahora hermoso mundo de lo minúsculo.

Igual que hay noches en las que me pregunto si ese brillo del cielo será el de algún tornillo perdido en el espacio, así al mirar por el microscopio empezaremos a dudar si se trata de una bacteria original, o la que lleva la sonrisa de Mona Lisa de la cara de Craig Venter, con su código de barras.

Hay algo en la mirada de este hombre que se queda a medio camino de la inteligencia, pues le asoman a los ojos la ambición de hacer industria, y no el afán de comprender la vida que alienta a los sabios.

Y otra vez nos encontramos aquí con los derechos de autor, ¿será Venter creador de la nueva bacteria cuando se ha limitado, y no resto por ello méritos a la proeza, a sintetizar el genoma completo de una bacteria que no ha creado de la nada sino a partir de la original?

Es curiosa, nuestra especie. Allí donde va, modifica las cosas. Todas las especies lo hacen, pues vivir es cambiar la vida, pero si tenemos en cuenta que Lewontin afirma que el 99,999 por ciento de las especies que han vivido sobre la Tierra se han extinguido ya, pocos rastros nos han dejado comparados con la estela que dejará nuestra especie; y así como hay un principio y un final para cada uno de nosotros, a poco observadores que seamos nos daremos cuenta de que lo que sucederá si desaparecemos, es que la vida colonizará el barco hundido, la casa en ruinas, o la chatarra que dejamos allí donde fuimos.

La vida que creó Dios, y nosotros sólo modificamos.

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