Vergüenza

Tras la frustrada entrada de la ayuda humanitaria, el presidente Guaidó estudiaba ayer con sus aliados en Bogotá un plan B para terminar con el okupa Maduro

Álvaro Martínez
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¿Qué pensarían los venezolanos que están pasando las de Caín -sin comida ni medicinas, agotada ya de cansancio hasta la esperanza de librarse del monstruo, de ser otra vez libres- cuando el sábado vieron por televisión cómo ardían los camiones con la ayuda humanitaria que llegaba de fuera? ¿Cabe mayor vileza que la de Maduro? No, cuesta encontrar un ensañamiento mayor que el del régimen chavista contra su pueblo, ese espantoso liarse a tiros en la frontera contra quienes llevaban alimentos a sus hermanos hambrientos, como esos pemones, una etnia que habita en la linde con Brasil, contra los que abrió fuego a discreción la Guardia Nacional Bolivariana. A pecho descubierto, apenas con unos palos y con el hambre a

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