Una raya en el agua

La verdad de las mentiras

Iglesias se ha retratado como un ingenuo capaz de tomar en serio a un político que sólo cuando miente es sincero

Ignacio Camacho
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En los últimos meses de su mandato, y sobre todo a partir del conflicto catalán, Mariano Rajoy estableció una línea de contacto fluido con Pedro Sánchez. Y estaba encantado: a menudo ponderaba en privado el sentido de Estado del líder socialista, contraponiéndolo al de un Albert Rivera al que consideraba un tarambana. Por esas fechas, Sánchez acariciaba el puñal de la moción de censura que le acabaría clavando por la espalda. Quizá haya sido la única persona capaz de engañar al taimado político de Pontevedra, hazaña mayúscula que por ejemplo nunca logró con Rubalcaba. Pero desde que llegó al poder ha demostrado que es imposible confiar en su palabra: se cuentan por decenas las veces que ha dicho una cosa

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